Esto no es una Caja de Pandora. Lectura Dramatizada.

Una impresionante obra de denuncia de las tramas y los crímenes del imperio, de nuestra compañera Sara Rosenberg, para reflexionar profundamente sobre los numerosos temas que plantea y enlaza brillantemente, porque todo está relacionado, aunque traten de vendérnoslo parcelado: el expolio a la naturaleza, el desempleo, las guerras, los medios de propaganda, la religión, el mercado...Gaza, Libia, Ucrania, el exterminio de los mapuches, Estados Unidos y la ONU...

Beatriz Gómez, una joven promesa de la Literatura Canaria

Trabajo documental de la trayectoria literaria de la joven escritora canaria Beatriz Gómez. Una producción de La Real Cosmológica de Santa Cruz de La Palma y Palmeros en el mundo.

La comedia compleja de Alfonso Sastre

Carlo Frabetti


A propósito de Lluvia de ángeles sobre París.

 

El humor es la sonrisa de la revolución.

Marco Ménégoz

 

La tragedia clásica suele plantear un conflicto “irresoluble” (luego aclararé las comillas) entre el individuo y la sociedad, o lo que viene a ser lo mismo, entre la conciencia y la ley (escrita o no). Así, la lealtad de Antígona hacia su hermano Polinices la obliga a dar honrosa sepultura a su cadáver, contraviniendo una orden del rey cuyo incumplimiento supone la pena de muerte.

Pero la irresolubilidad de los conflictos trágicos tradicionales es relativa, cuando no ficticia (de ahí las comillas), pues casi siempre tiene que ver con la asunción (más o menos deliberada, más o menos consciente) de un orden establecido que se da por supuesto y que solo se pone en cuestión de forma superficial o episódica. En este sentido, la tragedia tradicional supone una cierta simplificación -ideológica- de la realidad, pues suele incorporar de forma automática -adialéctica- el discurso dominante. Por eso provoca la catarsis, pero rara vez la rebelión.

El teatro épico de Brecht constituye un paso importante hacia la superación de esta limitación; pero, como ha señalado Alfonso Sastre, el “distanciamiento” brechtiano no va mucho más allá de la anagnórisis aristotélica, y solo resuelve parcialmente el problema de la simplificación. Por eso Sastre propone -y cultiva ejemplarmente- como superación dialéctica de la aparente antítesis entre los dos polos del teatro del siglo XX -el didacticismo de Brecht y el nihilismo de Beckett-, lo que él mismo denomina “tragedia compleja”, en la que el conflicto trágico central no encubre la maraña de sentimientos e intereses contradictorios implicados, sino que pone en evidencia la degradación social y psicológica subyacente. Por eso las tragedias sastrianas incluyen elementos cómicos y hasta ridículos (sin caer en la simplificación de lo tragicómico). El propio autor nos lo explica en La revolución y la crítica de la cultura (Grijalbo, 1970): “Yo me río antes, y cuando usted baje la guardia para reírse conmigo se va a encontrar con que le he contado -sí, a traición- la tragedia que usted habría rechazado, o incomprendido, planteada en los términos inalcanzables para usted de una conciencia no degradada en pugna con la degradación”.

Recíprocamente, y como no podía ser de otra manera, las escasas comedias de Sastre siempre incluyen elementos trágicos, más allá -y a la vez más acá- del mero humor negro, como se puede ver en Lluvia de ángeles sobre París, la última de sus obras representada en un teatro “normal” (si es que existe tal cosa). Un excelente montaje de Antonio Malonda y su mítico grupo Bululú (de gira por Castilla-La Mancha tras pasar fugazmente por el teatro Lara de Madrid y por algunas salas de Euskal Herria) nos permite disfrutar en vivo (muy vivo) y en directo de esta desternillante y a la vez revolucionaria “comedia compleja” del más grande -y por eso mismo el más silenciado- dramaturgo de la lengua castellana.

 

 

El sí de cada no. La manzana y el copo de nieve

Belén Gopegui

Leo un artículo en esta publicación del que aprendo, que me hace reflexionar y a veces disentir. Tomo una frase, no para polemizar con el texto en su conjunto sino con el pensamiento que la frase representa: “Salvo que ese horizonte sea el de una revolución que derroque el capitalismo, claro está. Si fuera así, pienso que la ingenuidad consistiría en creer que los efectos de una eventual revolución anticapitalista serían previsibles y además afectarían a la crianza y los cuidados en la dirección deseada”, escribe José Carlos Loredo. Lo que me llama la atención es la palabra ingenuidad.

Cuentan que la época moderna comenzó dando muerte al fenómeno. “La fuerza de la gravedad, que hace que las manzanas y las gotas de lluvia caigan sobre la tierra, crea un fenómeno: la caída. La caída de las cosas ligeras, la caída de las cosas pesadas. Cada caída es un acontecimiento”, decía Otl Aicher. La época moderna, añadía, no se interesó por el fenómeno sino por su retrato en una relación numérica según la cual la nieve cae con la misma velocidad que la manzana siempre y cuando no haya resistencia del aire.

En efecto, en la Luna un copo de nieve caería a la misma velocidad que una mandarina. Pero en la Tierra no. Sin embargo, con respecto a la revolución parece que también hemos eliminado el fenómeno. La revolución, parece, sólo es una relación numérica enunciada por quienes no la protagonizaron, con resultado caos. Ya no hay de qué revolución se habla, ni cómo, ni durante, porque, parece, los efectos de cualquier “eventual revolución anticapitalista” serán imprevisibles, arrastrando esto un sentido peyorativo –pero cabría imaginar un imprevisible desarrollo de las mejores facultades del ser humano–. Efectos, además, que no podrán afectar a la crianza y a los cuidados en la dirección deseada –y esto en cambio sí es, se sugiere, previsible, pues resulta ingenuo esperar lo contrario–.

Es tiempo de pensar en los efectos imprevisibles y previsibles de las no revoluciones: los conocemos, nos avergüenzan, se llaman daño, miseria, leyes intolerables, heridas infrigidas por voluntad u omisión, dominio. Las revoluciones no serán sin atmósfera, serán aquí donde hay resistencia del aire, donde cada fenómeno es diferente, y no habrá ingenuidad sino precisión en los desplazamientos singulares de la manzana, el cuerpo o la lluvia.

 

Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/culturas/21271-la-manzana-y-copo-nieve.html

 

 

Enseñando a contar cuentos

Jesús Lozada Guevara

El arte de narrar de viva voz, con sus recursos - nobles, antiguos y sencillos, según Eliseo Diego- ha transitado el mismo camino de los relatos. En los orígenes su tecnología se centraba en lo oral, tomando los caminos y atajos de la imitación, escondida detrás de los mismos discursos simbólicos que viajaban de la boca del hablador hasta la oreja de los públicos, adoptando la forma de cuentos, consejas, leyendas, mitos, chismes, canciones y poemas.

Un aspirante a narrador, que debía tener oído, vista y memoria refinadas, perseguía a un Maestro, al que le copiaba desde el repertorio hasta los gestos, para luego intentar ser admitido en su círculo y exprimirle hasta la última gota de sabia. Una vez finalizado el tiempo de convivencia, el iniciado se lanzaba a la plaza pública intentando encontrar el verdadero pulso de su palabra y gestos, o el de sus contertulios, ansiosos y fascinados consumidores de mentiras.

La idea de los paraísos y de las edades de oro, armónicas y selectas, no escapa a la Narración oral. Siempre, en el imaginario, existió un tiempo, tan anterior como para no haber dejado evidencias, habitado únicamente por genios; llegándose a mitificar lo antiguo y rural, trayendo como consecuencia una feroz carrera entre los académicos que pugnaban por descubrir y apropiarse de las “versiones” más antiguas y de los portadores “más puros”, es decir, los más ágrafos entre los analfabetos, y los más bucólicos entre los campesinos. Entonces la totalidad de los escaldos, aedos, ollham, ministriles, griot, juglares y trovadores fueron excepcionales, y cada montero un dueño de la palabra. Sabemos que donde quiera se cuecen habas. Falsificadores y fulleros, mediocres y buscavidas, convivieron con las cumbres, permitiendo, muy a pesar de los puristas, que las historias se conservaran y agazaparan a la vuelta de los caminos en espera de un verdadero iluminado, que las haría saltar hasta lo excepcional y lo prístino.

En el medio de esta realidad, hay que entender, además, que, según sea la época y la cultura, siempre existieron normas y pautas estables, regulares, que rigieron y conformaron el arte de narrar, y establecieron mecanismos para su trasmisión, conservación y uso. No existe un momento histórico en el que no podamos señalar sus rastros y rostros, solo que, a finales del siglo XIX, tanto en Europa como en los Estados Unidos, comienzan a aparecer narradores urbanos, influenciados por la Escritura, que, puestos ante el hecho probado de que se habían salido de los canales tradicionales de producción-enunciación, adoptaron nuevos derroteros, creando sistemas y reglas otras para su trabajo, en conformidad con las situaciones comunicacionales que les retaban.

Aparecieron, entonces, los narradores orales-escritores, que partieron de un presupuesto común: dar fe de sus trabajos y mañas, de sus recursos y modos, creando estructuras teóricas y prácticas, que echaron mano a los saberes acumulados desde la retórica grecolatina, el discurso religioso y político, hasta llegar a la propaganda y publicidad de diverso tinte y destino.

En esta corriente se inscribe la obra escrita de Mayra Navarro, reflejada en Aprendiendo a contar cuentos – Ed. Gente Nuevo (1999) y Ed. Pueblo y Educación (2012)-. Más que un libro con dos ediciones, lo que encontraremos es una primera y su reimpresión. Hubiéramos preferido otra versión, ampliada y corregida, que reflejara las trasformaciones y evolución del pensamiento y la practica de esta maestra cubana; pero los editores, y ella misma, prefirieron dejar para más tarde esta posibilidad, quizás apremiados por la necesidad de responder a necesidades pedagógicas vigentes, pues era necesario disponer de un texto que logre, dentro de la enseñanza artística regular, cumplir con el objetivo de ser, al unísono, testimonio sobre la obra de un cuentero moderno, y resumen teórico de las ideas, procedimientos y tendencias imprescindibles para que los candidatos a ejercer el viejo oficio puedan confrontar y consultar a través de un manual básico.

Más que hacer transformaciones o cirugías correctivas, que siempre desfiguran el rostro de algo o de alguien, o que son complejas y farragosas, quizás se debió incorporar un cuerpo de notas marginales que mostrara la evolución y/o actualización de algunas las ideas y conceptos de la autora, como, por ejemplo, sería dar fe de las imprecisiones que se esconden detrás de sintagmas y teorías generalizadas en el pasado siglo pero que hoy están ampliamente superadas. Es solo un señalamiento, que en nada afecta la creencia en la utilidad de la obra.

No estamos ante uno de esos trataditos que prometen a sus lectores, cautivos e ingenuos, formulas mágicas e infalibles. “Un golpe de manos, y usted será el mejor contador de cuentos de la historia”. La escritora, casi en el pórtico, advierte que “… de hacerlo así [de usar el libro como conjuro o colección de ensalmos], resultaría un hecho frío y carente de vida, un esquema que nada tendría que ver con el arte”, y, un poco más adelante, nos revela su propósito: “les recomiendo sentir estas páginas como un punto de partida para descubrir la esencia verdadera del arte de contar cuentos, poniendo a prueba la creatividad individual del artista”.

Mayra Navarro nos coloca en su mismo ruedo, renunciando a las cómodas barreras o a las alturas del magíster, poniéndonos en contacto con sus fuentes, que son una combinación, mestiza y criolla, de los textos norteamericanos y europeos sobre el arte de contar cuentos (que conociera a través a de sus maestros María T. Freyre, Eliseo Diego y María del C. Garcini), el arsenal de la psicopedagogía, el movimiento teatral cubano vivenciado desde dentro, la Educación por el arte y el ejercicio tenaz, sostenido y excelente de la cuentería desde 1962, en la Biblioteca Nacional José Martí y en otras instituciones de la Cultura cubana, tanto con niños como con adultos, público que incorpora a su repertorio a partir de 1989.

La mayoría de los narradores orales profesionales de este país, al menos los radicados en la capital y sus periferias, reconocen en nuestra autora su primer motivo y palanca. Pocos somos los que no estudiamos con su método y muchos más los que lamentamos no haber sido parte de un sistema pedagógico en plena vigencia. Aprendiendo a contar cuentos constituye la suma, la síntesis, de estos aprendizajes. Los que ejercemos alguna forma de docencia tenemos la certeza de que hemos aprendido y consolidado nuestros saberes en la misma medida en que los hemos donado, pues ellos siempre regresan.

En Mayra Navarro estos retornos tienen muchos rostros, desde el Festival Primavera de Cuentos, el Proyecto NarrArte, hasta el Foro de Narración oral del Gran Teatro de La Habana, y las irradiaciones que estos eventos y espacios generan. Esperemos que, en lo mediato, podamos leer una versión corregida y ampliada de este texto, clásico en la forma y en sus raíces, cuya aparición deberíamos anticipar con la lectura del libro que tenemos ante nosotros, pues ya se sabe que “más vale pájaro en mano...”.

 

Análisis histórico de la recepción de "El Capital" en España y Latinoamérica

Ángelo Narváez León

Sabemos, por palabras del propio Marx –y revisiones y comentarios de Engels–, cuáles fueron las intenciones concretas de El Capital en cuanto contribución a la formación teórica y práctica del proletariado europeo en su lucha contra el capitalismo. Ahora bien: el correlato histórico entre las propuestas intencionales particulares de los movimientos populares y de masas no tiene una relación causal necesaria, ni opera mediante una proyectividad teleológica con la formación y nutrición del imaginario político mediante el influjo de las formaciones conceptuales, sino que es este correlato el que se construye retrospectivamente una vez que los acontecimientos han ocurrido en su propia contingencia, de modo tal que dicho correlato histórico sólo es necesario en cuanto implica una necesidad de contingencia concebible en su propia realidad1. Es necesario, para desprenderse de cualquier anclaje teleológico y determinista, plantear una necesidad real, universal y concreta dentro de los límites de la formación del imaginario político europeo y latinoamericano, es decir, una necesidad a posteriori, retroactiva, histórica y divergente. Frente a ésta necesidad, nuestra labor será preguntarnos por la capacidad política efectiva de Marx y Engels, y los “marxistas” posteriores, por establecer a El Capital como un eje central formativo de los trabajadores: o, formulado como pregunta, preguntarse por rol que jugó efectivamente El Capital en la formación intelectual del proletariado europeo –español específicamente– y latinoamericano desde su publicación hasta los albores de la segunda mitad del Siglo XX.

Crisis de la investigación científica La generación de conocimiento en peligro

Miguel Guaglianone

La crisis que va cubriendo globalmente el planeta es muy profunda y va mucho más allá de la espectacularidad de la crisis económica que cotidianamente los medios de comunicación corporativos a través de su hegemonía comunicacional nos van reportando en todos sus detalles, por supuesto advirtiéndonos en cada caso de que esta caída indetenible está siempre a punto de ser solucionada y que en el futuro cercano se podrá volver en los países centrales a la perdida situación de constante expansión económica y producción creciente que fuera hasta ahora una característica de nuestra cultura occidental motorizada por el capitalismo.

Cuando analizamos en detalle sin embargo, observamos que se manifiestan simultáneamente distintas facetas de esa crisis global. Todas ellas se desarrollan, se entrelazan y giran en una loca danza, constituyendo el nudo del momento coyuntural que está viviendo nuestra sociedad contemporánea. Junto a la crisis económica coexisten –para mencionar algunas de ellas– una crisis cultural, una crisis de valores, una crisis política (y geopolítica), una crisis educativa, una crisis ecológica y una en la cual hoy queremos ahondar, que es la crisis del conocimiento.

 

 

 

 


Stalin en su contexto

Enric Llopis

El historiador Antonio Fernández Ortiz presenta el libro “¡Ve y lucha!” en la Academia de Socialismo 21

 

 

José Stalin se despidió de su hijo mayor, Yakov Dzhugashvili, el 22 de junio de 1941 cuando éste se marchó al frente. “¡Ve y lucha!”, le espetó. Poco después, Yakov cayó prisionero del ejército alemán. El historiador Antonio Fernández Ortiz ha utilizado estas palabras para titular su último libro, “¡Ve y lucha. Stalin a través de su círculo cercano!” (Ed. El Viejo Topo), presentado la semana pasada en la Academia de Pensamiento Crítico de Socialismo 21.

El texto se aproxima a la figura de Stalin a través de los personajes que configuraron su círculo más íntimo, en concreto, a partir de una larga conversación que el autor mantuvo hace años con Vladimir Fiodorovich Allilvev, sobrino político de José Stalin. En la entrevista se ofrecen claves para acercarse a la historia de la URSS con una mirada diferente, alejada de tópicos y simplificaciones al uso. Introduce el factor de la complejidad.

El libro está escrito por un especialista en Rusia y la Unión Soviética. Hace años que Antonio Fernández Ortiz reside en Moscú. Es autor de ensayos como “Chechenia versus Rusia: el caos como tecnología de la contrarrevolución” (Ed. El Viejo Topo) y en 2008 publicó la novela “Memorias de Espartania (retablo de gentes)” (Ed. Montesinos). Además, ha escrito numerosos artículos sobre su especialidad. De particular interés resultan las “33 tesis sobre la Unión Soviética” y las “Reflexiones sobre la naturaleza de la sociedad soviética. Necesidad de nuevos modelos de interpretación”, ambos publicados en “La Cieza Digital”.

Stalin ha sido una figura muy demonizada por la historiografía. Pero de modo maniqueo, sin introducir matices ni contextos. “Las situaciones de privilegio comenzaron mucho después de la época de Stalin”, cuenta en el libro Vladimir Fiodorovich Alliluev.

Reconoce su sobrino que Stalin “fue una persona dura y severa. Aunque en aquellas circunstancias no tuvo otra opción. Lo ocurrido en los años 1936 y 1937 fue una situación difícil, extrema, con intrigas, conspiraciones, robos y sabotajes. Se puede hablar de un cerco interior, corrosivo (….). Estaba en juego la existencia de la URSS. Y llegó el año 1937. Y todo acabó como es conocido. Sin las detenciones y juicios de aquellos años, eso que la gente llama las represiones de 1937, yo no sé si hubiésemos podido después ganar la guerra”.

¿Qué ocurrió en ese periodo? En 1937 se condenó a muerte en la Unión Soviética a más de 300.000 personas (no todas fueron ejecutadas). Los mismos picos se alcanzaron en 1938. Pero en los años anteriores y posteriores a este bienio, la cifra ronda los 1.300. ¿Qué ocurrió en estos años centrales del mandato de Stalin? Lo que explica la represión en 1937-38 es, en buena medida, la respuesta del poder a determinadas tramas civiles y militares que lo cuestionaban. Se producen entonces juicios sumarísimos. Ahora bien, la cuestión no se reduce, como habitualmente hace la historiografía dominante, a la voluntad política de Stalin o a la querella con los trotskistas. En ese bienio, asegura Fernández Ortiz, “eclosionan las tensiones; se producen luchas fratricidas entre todos los grupos políticos”.

Un superviviente de esos años fue Jruschov, quien “no era antisoviético, pero sí tenía en mente otro modelo de lo que debería ser la URSS”, explica el historiador. Y lo aplicó, según esta tesis, cuando llegó su momento. Cuenta en el libro Vladimir Fiodorovich Allilvev que Jruschov “renunció a la dictadura de la clase obrera, la consideró innecesaria y, en definitiva, sentó las bases para la transformación del estado en un ente burocrático”. Antonio Fernández Ortiz agrega que el XX Congreso del PCUS “intenta destruir la figura de Stalin y de la URSS pero, sobre todo, se dirige al exterior. Se utilizará por algunos disidentes y principalmente durante la guerra fría. Pero el pueblo ruso continuó valorando a Stalin”.

Por lo demás, los trabajos de Fernández Ortiz aportan dos elementos esenciales. Este historiador murciano reside en Moscú y lleva muchos años trabajando con fuentes rusas y soviéticas, cuando lo habitual es el uso de fuentes anglosajonas para el mismo objeto de estudio. Además, no parte de esquemas rígidos, los habitualmente utilizados para las realidades occidentales, sino que incorpora otros más útiles para la investigación histórica de Rusia y la URSS. Por ejemplo, la idea de sociedad tradicional campesina y sus redes de solidaridad, tradiciones y valores. “El protagonismo del campesinado en la revolución condicionó toda la evolución posterior del proyecto soviético”, afirma Fernández Ortiz en sus 33 tesis sobre la URSS. Y añade que el estado soviético fue un estado de nuevo tipo que incorporó las formas tradicionales de organización campesina.

Por el contrario, la Revolución Bolchevique se analiza en Europa como una realidad monolítica, a lo sumo con una o dos tendencias. Pero, a juicio de Antonio Fernández Ortiz, “es algo más complejo, que enlaza con las múltiples corrientes de pensamiento ruso del siglo XIX”. De hecho, al Partido Bolchevique acabaron incorporándose muchos miembros del partido Social Revolucionario, judíos y cristianos ortodoxos. No hay uniformidad, sino complejidad y mezcla.

A fin de cuentas, hay un debate que recorre las últimas centurias en la historia de Rusia y la Unión Soviética, y en el que el historiador hace singular hincapié: el modelo de modernización. ¿Seguir el paradigma occidental, con las pertinentes correcciones en materia de justicia social? O, por el contrario, adoptar un patrón que permanezca fiel a la herencia cultural rusa y a sus tradiciones. Esta es la matriz de los grandes debates, “que después aparecen simplificados, por ejemplo, cuando se habla del conflicto entre la revolución en un solo país y la revolución mundial”, subraya Fernández Ortiz.

Y no se trata de grandes polémicas metafísicas. Este debate sobre la modernidad se materializa en lo más concreto. Así, desde los años de la revolución hasta la década de los 30, estaban proscritos los libros de Pushkin (escritor del XIX y padre de la literatura rusa moderna). No figuraba este autor en los programas escolares, pues se consideraba una herencia de “lo viejo”. Pero en los años 33-34 se reedita a Pushkin y sus obras vuelven a los colegios.

Cuando se decide impulsar las colectivizaciones agrícolas, ¿Qué paradigma seguir? Se celebran congresos y debates políticos en la URSS sobre la cuestión. Y las colectivizaciones dan lugar a realidades poco subrayadas, como la incorporación de una parte del campesinado a la revolución; además, debido al éxodo rural, los campesinos que llegan a las fábricas urbanas traen consigo las tradiciones solidarias del campo ruso (por eso se ha apuntado que el obrero soviético es antropológicamente diferente al occidental). “La línea general del partido, representada por Stalin, tiene una parte de sus apoyos en esta gente que marcha de las aldeas a las ciudades”, recuerda el historiador murciano. La industrialización, asunto también muy debatido, se desarrolla a partir de enormes complejos fabriles, que dan lugar a muchas de las grandes ciudades (“La sociedad soviética se urbanizó a partir de los años 30 a un ritmo desconocido en la histórica”).

Muy a grandes rasgos, brota en este punto una de las semillas de la posterior implosión soviética. Porque en las décadas de los 50 y 60, coincidiendo con la recuperación de la posguerra, empieza a agrietarse la sólida tradición del milenarismo agrario y en las urbes se genera una necesidad de modelos y valores occidentales. Tal es la incertidumbre ante los cambios que Yuri Andrópov (secretario general del PCUS entre 1982 y 1983) llega a afirmar que “no conocemos la sociedad en la que vivimos”. “Los hacedores de la ideología oficial no saben qué respuestas ofrecer a una sociedad soviética ya urbanizada”, subraya Fernández Ortiz.

¿A qué causas responde la debacle final de la URSS? Se han esbozado un sinfín de teorías. A juicio de Antonio Fernández Ortiz, “hay una traición de los dirigentes; por un lado, llegan a la élite del Partido Comunista una serie de políticos cuyos referentes son la socialdemocracia y la cultura escandinava; en ese momento, los personajes que se hallan al frente de las empresas públicas pretenden privatizarlas, aun a costa de empobrecer a la población; es más, la crisis de abastecimiento que tuvo lugar durante la Perestroika fue deliberadamente provocada por la élite del partido, para generar descontento pero sin estallido social. Por eso Gorbachov es el personaje más odiado de Rusia. Muchas personas hoy no votan al Partido Comunista porque lo consideran culpable de la caída de la Unión Soviética”.

En la actualidad, no es baladí el porcentaje de gente joven que tiene a Stalin como referente. Incluso por encima de Lenin, a la hora de buscar iconos de la Revolución Rusa. Y, frente a los apóstoles del fin de la historia, Antonio Fernández Ortiz recuerda algunas conquistas, inconcebibles sin la construcción de la URSS: las revoluciones de Cuba y Vietnam, los procesos de descolonización tras la Segunda Guerra Mundial o la implantación (y actual desmantelamiento) del estado del bienestar en Europa. Y otros pequeños logros, básicos para la vida cotidiana: generalizar la calefacción a precio casi gratuito. En las encuestas, la población continúa defendiendo hoy posiciones estatalistas. “Rusia sigue hoy viviendo gracias a los logros del socialismo”, concluye el historiador.

 

“Los Gobiernos ingleses han creado un vertedero social”

Entrevista a Owen Jones, autor de "Chavs: la demonización de la clase obrera"

Si eres pobre, es por tu culpa. Si no, vamos a reírnos de ellos. Cuando el joven periodista Owen Jones escuchó en una reunión de amigos un chascarrillo clasista en un lugar en que cualquier comentario socialmente incorrecto hubiera sido rápidamente amonestado, fue consciente de hasta qué punto la demonización de la clase trabajadora había penetrado en gran parte de la sociedad británica. Desde el thatcherismo hasta hoy, pasando por el neolaborismo blairista (del que Margaret Thatcher aseguró que materializó su mayor logro político, al hacer a su enemigo político histórico cambiar de opinión, esto es: pensar como los tories), el mantra en Gran Bretaña es que la clase social no existe y la pobreza es resultado de disfunciones de carácter tales como la falta de ambición o la pereza, de manera que la conclusión es clara: el sistema no tiene fallos estructurales que corregir, las oportunidades están en tu mano.

El misterio de la muerte de Pablo Neruda

Xavier Montanyà

 

 

Tras casi dos años de investigación, el juez chileno Mario Carroza ordenará en las próximas semanas la exhumación de los restos del poeta Pablo Neruda para disipar las dudas sobre su muerte. Así lo ha confirmado Fernando Sáez, director de la Fundación Neruda. La actuación judicial tiene su origen en una querella criminal presentada en mayo del 2011 por el Partido Comunista de Chile, del que el poeta fue senador y candidato presidencial, fundamentada en el testimonio de su último chófer, Manuel Araya, quien sostiene que Neruda fue asesinado por agentes del dictador Augusto Pinochet.

 


 

 

 



José Martì: Un Mahatma Gandhi con fusil

Luz Marina López Espinosa

¿A qué hablar de mi mismo, ahora que hablo de sufrimientos, si otros han sufrido más que yo? Cuando otros lloran sangre, ¿qué derecho tengo yo para llorar lágrimas?

 

Ya a los diez y siete años, casi un niño, tenía un pensamiento humanista, libertario, nacionalista y universalista tan firme y coherente, que el imperio español agonizante, hizo gala de un poderío que ya no amedrentaba a las demás potencias, ensañándose con el atrevido adolescente que lo retaba desde su colonia antillana. Entonces lo condenó a seis años de presidio.

Y el epígrafe, escrito apenas a los diez y ocho años, muestra ya el acero que revestía el alma del Apóstol de la libertad cubana. Pero también el algodón de la que definitivamente estaba hecha. Porque es del mismo que en medio de las vicisitudes de la vida conspirativa, cantaba:

Cultivo una rosa blanca,

En julio como en enero,

Para el amigo sincero

que me da su mano franca.

 

Y para el cruel que me arranca

El corazón con que vivo,

Cardo ni oruga cultivo:

Cultivo la rosa blanca.

 

Maravilla el impulso vital que fluye del corazón y mente de este hombre: ensayista, poeta, dramaturgo, periodista, novelista, cuentista y hasta diplomático, títulos que lo aprestigiaron en toda América y por los cuales ya sería consentido de la historia. Pero no, eso era accesorio, en medio de tan intensa actividad intelectual y cultural fungía sin descanso como el gran ideólogo, organizador y líder de la lucha por la independencia de su patria. Tal vez sabía que el tiempo era breve, muy breve, y que a los cuarenta y dos años rendiría su jornada en uno de los primeros encuentros en la a la postre triunfante guerra libertaria.

El 10 de enero de 1891 José Martí publicó en la Revista Ilustrada de Nueva York, su famoso ensayo Nuestra América, compendio magistral de un pensamiento político nacional y universal que abreva en el Bolívar del Congreso Anfictiónico de Panamá, inspira la nueva gesta independentista del Che, Fidel, Raúl y tantísimos otros, y preavisa la causa latinoamericana y antillana que más de cien años después emprendería también luminosamente Hugo Chávez. Todo ello está ahí, en Nuestra América.

Y es indispensable hablar de ello, porque no estamos tratando de una historia pasada, de un hombre que murió y cuyo sepulcro con merecimiento honramos, sino de una vida y obra que pervive y remonta la centuria con renovada vigencia. Y lo hace con una pertinencia que sorprende como juego cruel de la historia, que quiso que las urgencias y oprobios de esa época sólo cambiaran de nombre en el siglo que alboreaba.

Es que la celebración de los ciento sesenta años de nacimiento del poeta, pensador y revolucionario este 28 de Enero de 2013, coincide precisamente con la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños CELAC en Santiago de Chile, obra impulsada por dirigentes de hoy, pero que como dijo un analista francés, es creación de José Martí.

Porque la naciente CELAC como una nueva OEA pero sin los Estados Unidos o sea esta sí una legítima organización de estados americanos, siembra sus raíces en Nuestra América. El Apóstol vislumbró y proclamó tres puntos esenciales para el destino de estos pueblos: que la independencia de Cuba, no se lograría sin la unidad, y que ésta debía extrapolarse a todas las naciones del continente liberadas del coloniaje español. Y la más importante, que el problema no era salir del imperio español, sino no caer en las garras desde entonces ya muy bien dispuestas, del norteamericano. Era la Historia disertando para el futuro a través de uno de sus hijos.

Y no era gratuita la prevención de Martí con la naciente potencia. Fuera de su convicción fruto del estudio y la observación, había sufrido en causa propia su despotismo. Cuando con otros patriotas cubanos, Máximo Gómez, Antonio Maceo, Mayía Rodríguez y Enrique Collazo, había estructurado en Nueva York donde residía exiliado el proyecto insurreccional “Plan Fernandina” y se disponían a zarpar a la isla, los Estados Unidos recelosos del imperio español es cierto pero mucho más de los que luchan contra los imperios, les decomisó las naves y los pertrechos aprontados. Aún así, los patriotas partieron y desembarcaron a la isla por Playitas de Cajobabo, donde a los pocos días el 19 de mayo de 1895, el héroe de la revista para niños “La Edad de Oro” fue abatido por el ejército español en Dos Ríos localidad de Pala Soriano.

Los mejores hijos de América Latina y del Caribe en su dimensión política con sentido de patria, han de ser reconocidos como herederos del pensamiento martiano. Y aunque lenta, dolorosa y llena de reveses, la causa de esos hijos, los Allende, Juan José Torres, Jacobo Árbens, Raúl Sendic, Augusto César Sandino, Pancho Villa, Víctor Jara, Camilo Torres y cientos más, empieza a rendir frutos de unidad y solidaridad en la Patria Grande. Porque los Evos, Chávez, Correas, Mujicas, Castros y Ortegas han tomado el testigo que da fe de que el relevo se ha cumplido fielmente. Y son entonces el ALBA, UNASUR, MERCOSUR, y ahora la CELAC.

Murió en olor de pólvora y santidad un hombre que lo que demandaba de la vida y el mundo que le correspondió vivir, no era otra cosa que la paz con dignidad, respeto y solidaridad. Para así, dedicarse tal vez a lo que más amaba: escribir para los niños.

 

 

Los divorcios de Neruda, sus efectos políticos y la próxima exhumación

Mario Casasús

El juez Mario Carroza ordenó la exhumación de los restos de Pablo Neruda, en el ámbito de la causa abierta a mitad del 2011, tras la querella presentada por homicidio por el Partido Comunista, a casi 40 años de la muerte del poeta. Hasta ahora los informes emanados del Servicio Médico Legal (SML), siempre apuntaron a que el poeta falleció de cáncer, pese a las dudas suscitadas sobre la causa de su muerte, ocurrida doce días después del golpe de Augusto Pinochet, el 11 de septiembre de 1973.


Los trámites de divorcio entre Neftalí Reyes Basoalto y Ma ría Antonia Hagenaar concluyeron el 3 de mayo de 1942, el edicto fue publicado en el Periódico Oficial del Estado de Morelos ( México) . La primera irregularidad radica en la nula notificación al domicilio de la señora Hagenaar, en Bélgica; Neruda promovió el juicio de divorcio en la ciudad de Cuernavaca sin previo aviso de carta rogativa, ni mediante los documentos certificados por la vía diplomática. Las autoridades mexicanas tampoco tomaron en cuenta que el poeta chileno y la ciudadana holandesa contrajeron nupcias en Batavia (Java) el 6 de diciembre de 1930, mucho menos dictaminaron el monto de la pensión alimenticia que recibiría su hija Malva Marina (1934-1943) . Neruda se separó de su primera esposa en 1937, el poeta viajó a Holanda en el invierno de 1939 para visitar por última vez a su hija, después envió -desde México- algunas remesas para la manutención de Malva Marina, la pequeña murió el 2 de marzo de 1943.

En 1948, Maruca Hagenaar llegó a Chile por invitación del gobierno de Gabriel González Videla para atestiguar contra Neruda en un juicio de bigamia, pero la querella no prosperó. En su defensa, Neruda le escribió a Darío Puccini –en marzo de 1950- la estrategia a seguir: “El ‘delito de bigamia’ es enteramente falso y no pueden probarlo. La querella debe ser entablada en esta base. Nuevos documentos te llegarán, entre ellos uno de mi ex mujer, documento notarial en que reconoce nuestro divorcio. En realidad González Videla hizo venir desde Europa a esta señora, ya divorciada de mí, para intentar un chantaje contra mí ya que las acusaciones por las que se me perseguía eran demasiado vagas: ‘injurias’, etcétera, y de este modo provocar un escándalo. Han hecho viajar a esta mujer desde Bélgica con vistas al chantaje, pero no han hecho nada en términos legales pues mi nuevo matrimonio [con Delia del Carril] es legal” [1] . A consecuencia del abandono de sus patrocinadores Maruca Hagenaar regresó a Holanda, donde falleció en 1965.

En 1934, el cónsul Neftalí Reyes conoció a la pintora argentina Delia del Carril, en la casa madrileña de Carlos Morla Lynch. Neruda vivió con La Hormiguita hasta 1955, las dos décadas de mayor formación política y crecimiento intelectual del poeta, todos los testimonios coinciden al respecto. El investigador Edmundo Olivares escribió: “Desde los días de la guerra en España se había establecido una gran sintonía ideológica que –sumada a la afectiva- generaba una poderosa combinación de voluntades, energías y propósitos…De esa sólida y gran experiencia en tiempos borrascosos venía la unión de Pablo y Delia. Ahora en este México tan hispanizado, vibrante y soleado de 1943, ellos terminan por dar apropiado marco legal y ceremonial a una ya larga vida en común” [2] . La abogada Paola Reyes –sobrina nieta de Neftalí Reyes- dedicó su tesis de licenciatura al estudio de las relaciones jurídico familiares de Neruda y sus efectos, un capítulo de la investigación universitaria contiene esta interesante teoría: “No pude encontrar en Chile dato alguno que me pudiese hacer concluir que Delia del Carril y Neruda hubiesen anulado su matrimonio o tramitado el divorcio; sólo es posible constatar la cancelación de la inscripción del matrimonio ante el Registro Civil de Chile, cuyas actas y sentencia tengo en mi poder. Pero no así la certeza de la anulación o divorcio en Tetecala (Morelos), lugar donde contrajeron matrimonio el 2 de julio de 1943” [3] .

En efecto, el diplomático Neftalí Reyes nunca se divorció en México de la pintora Delia del Carril. El año pasado fui al poblado de Tetecala (a 60 kilómetros de Cuernavaca) para cotejar los libros del Registro Civil, el alcalde me facilitó fotocopias y autorizó que tomara fotografías de las páginas correspondientes al 2 de julio de 1943; en los márgenes del libro del Registro Civil no existe ninguna referencia al trámite de divorcio en México, en el acta de matrimonio –las imágenes permanecieron inéditas hasta ahora- podemos apreciar las firmas de los contrayentes: Ricardo Reyes y Delia del Carril, de los testigos: Óscar Schnake (Embajador de Chile), Luis Enrique Délano (escritor y diplomático chileno), Wenceslao Roces (escritor español exiliado en México y traductor de Karl Marx), Enrique de los Ríos Lavín (comerciante chileno residente en México); así como las rúbricas de las autoridades locales: Jesús Castillo López (gobernador del Estado de Morelos) y Romualdo Ramírez (alcalde de Tetecala).

Según la investigación de David Schidlowsky: “Este matrimonio posteriormente será declarado ilegal ya que la Corte Suprema de Chile ‘no dio exequátur (cumplimiento)’ al divorcio entre Neruda y Maruca Reyes” [4] . Sin embargo Neruda demostró que “mi nuevo matrimonio [con Delia del Carril] es legal” y descalificó la estrategia de Gabriel González Videla al invitar a Maruca Hagenaar para que testificara contra el desaforado senador. En el acta de matrimonio de Pablo Neruda y Delia del Carril fechada en 1943 se lee: “Neftalí Ricardo Reyes, originario de Parral República de Chile y de tránsito en esta ciudad, vecino de México, Distrito Federal, y actualmente Cónsul general de la República de Chile en México… divorciado según copia certificada que exhibe en este momento expedida por el ciudadano juez mixto de primera instancia del segundo distrito judicial del Estado de Morelos, de 39 años de edad”. En el poblado de Tetecala, Neruda sí acreditó su divorcio de Maruca Hagenaar, situación que omitió al “casarse” con Matilde Urrutia el 28 de octubre de 1966.

Neruda conoció a Matilde Urrutia en 1946, tres años después iniciaron su amorío clandestino en México. El 3 de mayo de 1952, en la isla de Capri, Neruda y Matilde se “casaron” simbólicamente, según Matilde: “Allí, Pablo, muy serio, sin un asomo de broma, le pidió a la luna que nos casara… A muchos años de este matrimonio en que nos bendijo la luna, Pablo quedó viudo y nos volvimos a casar en 1966” [5] . Llama la atención que Matilde diga: “Pablo quedó viudo”, en referencia al fallecimiento de Maruca Hagenaar acaecido en 1965, pero anula de la historia oficial el matrimonio con Delia del Carril, La Hormiguita murió en 1989.

Irremediablemente Neruda se separaría de Matilde Urrutia para vivir un tórrido romance con Alicia Urrutia, la musa del Álbum de Isla Negra (1969) y La espada encendida (1970). El doctor Francisco Velasco, copropietario de La Sebastiana, escribió en sus memorias inéditas: “Tanto va el cántaro al agua que por fin Matilde sorprende a su marido ‘in fraganti’ con las manos en la ‘plasta’ de su sobrina, la expulsa inmediatamente de casa con sus enseres a cuesta. Matilde muy afectada se aleja de Pablo y quiere irse a México con sus padrinos Blanca Hauser y Armando Carvajal, le cuenta a mi señora [María Martner] estos planes, quien le aconseja que no lo haga, que no se retire y le deje el camino expedito a su sobrina… Por fin viene la reconciliación, pero ya no es lo mismo, algo ha cambiado, Neruda estuvo realmente enamorado de Alicia” [6] . El escritor Enrique Lafourcade dedicó el capítulo final del libro Neruda en el país de las maravillas a la Alicia de Pablo: “Matilde era una mujer de muy mal carácter. Estallaba en unas cóleras oceánicas… ‘El error de Matilde’ –me informa una fuente fidedigna que conoció todo este affaire- ‘fue haber tratado a su sobrina Alicia como a una Cenicienta. La hacía comer en la cocina, al extremo que muchos amigos que los visitaban pensaban que era una de las criadas’” [7] . A partir de la infidelidad, Matilde descalificó a su sobrina: “Nunca hablaré de esa ladrona” [8] , le dijo a la escritora Virginia Vidal. Alicia Urrutia propiciaría la ruptura definitiva, el matrimonio entre Neruda y Matilde se derrumbaba, desde el principio la boda carecía de sustento jurídico, y de facto el matrimonio también era una farsa: Neruda y Alicia continuaron su romance hasta 1973, mientras tanto Matilde vivía un affaire con el abogado y político Julio Estuardo, según el testimonio de Manuel Araya, el chofer y asistente personal de Neruda.

El testamento de Matilde Urrutia -fechado el 15 de enero de 1982- designa: “albaceas, herederos modales, tenientes de bienes y directores vitalicios de la Fundación Neruda” a Flavián Levine, Raúl Bulnes, Juan Agustín Figueroa, Jorge Edwards y Roberto Parada. El abogado Juan Agustín Figueroa declaró a La Nación: “Después del golpe quedó muy sola y yo era el paño de lágrimas de Matilde, y cuando ella quiso darle forma jurídica a la fundación recurrió a mí; ahora, se conservaban algunos borradores de las ideas primitivas de Pablo con respecto a la fundación y que, junto a mi cuñado [Sergio Inzunza], nos sirvieron de base para la creación del testamento de Matilde, que yo lo redacté y es de donde nace la fundación” [9] . El cinismo de Matilde Urrutia quedó al descubierto cuando pretendió engañar a la opinión pública: “Nosotros hemos formado la llamada ‘Fundación Pablo Neruda’ y ya no es Matilde de Neruda quien lo pide, sino una fundación. Hay cinco personas manejándola y los estatutos son los mismos que dejó Pablo” [10] . De ninguna manera se trata de la última voluntad de Neruda, la Fundación Cantalao designaba a los rectores de la Universidad de Chile, la Universidad Católica, la Universidad Técnica del Estado, a los presidentes de la Sociedad de Escritores (SECH) y la Central Única de Trabajadores (CUT), finalmente Neruda reservó dos lugares en su Fundación para dos personas de su absoluta confianza (en la actualidad, los dos lugares en el directorio podrían ser ocupados por dos sobrinos del poeta).

La presunta viuda argumentó múltiples contradicciones sobre el destino de la herencia del poeta: “El 11 de septiembre de 1973 el abogado Sergio Insunza llegaría con los estatutos de la Fundación Pablo Neruda, con el testamento de Pablo”, escribió Matilde al inicio de sus memorias. Luego se retracta: “ Pablo no dejó testamento”. La hermana de Juan Agustín Figueroa -Aída Figueroa- cometió una indiscreción -en 1974- al deslindar los trámites realizados por su esposo Sergio Insunza, el abogado de Neruda: “Había hecho un testamento, que estaba redactado. Faltaba sólo afinarlo y darle forma legal” [11] , Aída Figueroa le comentó al periodista Sergio Villegas los detalles del testamento inconcluso de Neruda : “La Fundación de Punta de Tralca. Sus derechos de autor, después de morir Matilde, iban a estar destinados a eso. Se trataba del proyecto de una gran casa en que los poetas de Chile y del mundo tendrían la oportunidad de vivir por períodos para dedicarse a escribir, descansar y leer. Había discutido ya con los arquitectos. Él iba a donar, para esa casa, todos los libros de poesía que había reunido en su vida, primeras ediciones, ediciones raras” [12] . En los nuevos estatutos de la Fundación Neruda no existe ninguna cláusula que indique la incorporación de las universidades chilenas, los sindicatos o la Sociedad de Escritores, ni siquiera una vez concluida la dictadura, Matilde traicionó el legado de Neruda, confeccionó la falsificación de los Estatutos diseñados por Neruda en 1973.

Atando los cabos sobre la posesión efectiva de la herencia de Neruda, sospecho que Matilde ocultó el testamento del poeta para justificar la línea de sucesión hereditaria en beneficio de Juan Agustín Figueroa, la abrupta muerte de Neruda impidió el cumplimiento cabal de su legado, sin embargo la última voluntad del bardo tiene un respaldo notarial, a diferencia del presunto matrimonio con Matilde de 1966. La actual Fundación Neruda funciona en la legalidad por partida doble: Matilde no era la viuda legítima en 1973, no tenía ningún derecho de heredarle a Juan Agustín Figueroa la presidencia vitalicia de la Fundación. Matilde Urrutia y Juan Agustín falsificaron los Estatutos de la Fundación que diseñó Neruda, a pesar del fraude que cometieron no pudieron ocultar la última voluntad del poeta, 40 años después el directorio de la Fundación debe estar integrado por los rectores de la Universidad de Chile, la Universidad Católica, la Universidad Técnica del Estado (USACH), los presidentes de la Sociedad de Escritores (SECH), la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y dos sobrinos de Neftalí Reyes.

La exhumación de Neruda es otra forma de cuestionar el papel de Matilde Urrutia, la presunta viuda ocultó la inyección que provocó la muerte del poeta en la Clínica Santa María el 23 de septiembre de 1973, según el testimonio de la enfermera Rosita Núñez: “Dos años después de la muerte de don Pablo, un verano, la señora [Matilde Urrutia] me vino a visitar. Me dijo que sospechaba que a su marido lo habían matado en la clínica, posiblemente con alguna inyección. Fue la última vez que la vi” [13] , el periodista Javier García todavía conserva el audio MP3 con la entrevista a la enfermera de Neruda. El tiempo le dio la razón a Manuel Araya, el chofer viene insistiendo en las raras circunstancias de la muerte de Neruda, en el soborno que pretendió darle Matilde para callarlo y en las mentiras de la presunta viuda.

El historiador Mario Amorós encontró cuatro interesantes declaraciones de Matilde Urrutia: “No lo mató el cáncer. Los médicos, a los que habíamos visto unos días antes, le dijeron que lo habían atajado y que podría vivir unos años más” (Agencia EFE); después dijo: “el cáncer que padecía [Neruda] estaba muy dominado y no preveíamos un desenlace tan repentino. [Neruda] no alcanzó ni a dejar testamento pues la muerte la veía muy lejos” (periódico Pueblo); en 1979, Matilde declaró a la revista Hoy : “El profesor Vargas Salazar, que lo atendía, siempre dijo que Pablo era un hombre muy fuerte, que se estaba defendiendo maravillosamente. Lo de llevarlo a la clínica fue más que todo por resguardarlo y protegerlo”; y en el mismo sentido Matilde dijo : “Lo traje a la Clínica porque a la Isla no podía ni siquiera ir una enfermera. Recuerde que en esos días estábamos viviendo momentos muy difíciles… Yo estaba junto a él y sé que su mal no estaba en ninguna etapa de peligro. El doctor que lo atendía había dicho que duraría unos seis o siete años más y que a lo mejor se iba a morir de cualquier otra cosa” ( La Tercera ) [14] . Finalmente el investigador David Schidlowsky retomó las declaraciones que Matilde hizo a Sara Vial, sobre el pronóstico de vida que recibió Neruda el 19 de septiembre de 1973: “En la clínica Santa María, los médicos después de examinar al poeta, dicen a Matilde que tiene sólo un año más de vida” [15] .

Si Matilde tenía sospechas de la inyección, si trasladó a Neruda a la Clínica para protegerlo, si el cáncer estaba controlado después de dos operaciones y 56 sesiones de radioterapia, si el poeta tenía el pronóstico de de un año de vida a partir del 19 de septiembre de 1973, ¿por qué no denunció sus sospechas?, ¿por qué ocultó el crimen cometido en la Clínica Santa María?, ¿por qué nunca habló de la negligencia médica del 23 de septiembre?, ¿cuál era el motivo de su silencio?, ¿por despecho ante el romance de Neruda y Alicia?, ¿o para cuidar el statu quo de la herencia?, el anuncio de la próxima exhumación demuestra que había una duda razonable para investigar el asesinato de Neruda. La exhumación del poeta dejará entre la espada y la pared a la Fundación que falsificó Matilde Urrutia, su heredero Juan Agustín Figueroa declaró: “N os oponemos a una exhumación del cadáver porque nos parecería un verdadero acto de profanación" [16] .

- Fuente: http://www.elclarin.cl/web/index.php?option=com_content&view=article&id=7192:los-divorcios-de-neruda-sus-efectos-politicos-y-la-proxima-exhumacion-&catid=5:cultura-y-espectaculos&Itemid=6

[1] Obras Completas V. Nerudiana dispersa II. Galaxia Gutenberg/Círculo de lectores; España, 2002.

[2] Pablo Neruda: Los caminos de América. LOM Ediciones; Chile, 2004.

 

[3] Correo electrónico de Paola Reyes; 02/08/2008.

[4] Neruda. Las furias y las penas. Tomo 1. RIL Editores; Chile, 2008.

[5] Mi vida junto a Pablo Neruda. Editorial Seix Barral; España, 1986.

[6] El libro inédito del doctor Francisco Velasco fue consultado gracias a la amabilidad de la familia Velasco Martner.

[7] Neruda en el país de las maravillas. Editorial Norma; Colombia, 1994.

[8] Hormiga pinta caballos. RIL Editores; Chile, 2006.

[9] Oda al dinero. La Nación; Chile, 09/06/2006.

[10] La Tercera; Chile, 18/09/1983. Cita del libro: Sombras sobre Isla Negra. La misteriosa muerte de Pablo Neruda (Ediciones B, 2012).

[11] Funeral vigilado. Araucaria de Chile, número 3; España, 1978.

[12] Op. Cit.

[13] La soledad del capitán. La Nación; Chile, 18/09/2005.

[14] Las cuatro declaraciones de Matilde Urrutia fueron publicadas en el libro: Sombras sobre Isla Negra. La misteriosa muerte de Pablo Neruda (Ediciones B, 2012).

[15] Neruda. Las furias y las penas. Tomo 2. RIL Editores; Chile, 2008.

[16] Entrevista a Juan Agustín Figueroa. Radio Bío Bío; Chile, 05/12/2012.