Hugo Chávez. La polarización y los procesos de cambio social

Dailos González Díaz

Hace una semana, falleció una de las personas que representaba la esperanza para los pueblos de Latinoamérica y del mundo entero, la esperanza para los pobres, para trabajadores y trabajadoras, una persona capaz de demostrar que era posible llevar adelante una política distinta al dogma derechista y neoliberal culpable de tantos desastres en el mundo entero. Hugo Rafael Chávez Frías, presidente de la República Bolivariana de Venezuela, que llevó a cabo una serie de reformas democráticas, que se tradujeron en una mayor participación del pueblo en las decisiones que lo afectaban, en una serie de políticas sociales que erradicaron el analfabetismo y llevaron la sanidad a los sectores más desfavorecidos de la sociedad, unas políticas sociales que lograron reducir significativamente la tasa de pobreza en Venezuela, reducir las desigualdades sociales a la par que la economía del conjunto del país crecía.


Sin embargo aquí hemos estado asistiendo a toda una campaña de mentiras y manipulaciones acerca de la realidad Venezolana, y si bien se ha de reconocer que, como todo tiene sus luces y sus sombras, el retrato que nos han vendido unos mass media que no son otra cosa que el instrumento de propaganda de la oligarquía, dista mucho de acercarse a lo que realmente está sucediendo. El colmo de todo esto es el presentar como dictadura lo que, en la realidad, es un proceso de profunda democratización de la sociedad, pero ya se sabe que cuando se despoja a los pobres, a los trabajadores y trabajadoras, de sus derechos básicos, son políticas “realistas” y de “sentido común”, y cuando se hace justicia y se trata de acabar con los privilegios de quienes habían vivido por “encima de las posibilidades” del resto de la población, estamos ante un caso de radicalismo, extremismo y terror.

Con todo esto, un tema a debatir es la cuestión del personalismo. Aunque en principio uno sea de la idea de que cualquier proceso de cambio ha de venir desde abajo, y que la revolución no precisa de líderes, la realidad es muy tozuda, y son al final los "líderes" quienes se convierten en aglutinante o la gasolina del proceso. O, como decía un amigo, y perdón si esto resulta pedante, "Chávez se ha convertido sin duda en ese singular-universal que nos comunica en el vacío donde todos coincidimos y en torno al cual giramos". Dicho de otro modo, tras el fallecimiento de Hugo Chávez, toda la izquierda dejó momentáneamente sus recelos, sus enfrentamientos, y con los peros y críticas (que las hay) que se le quisieran poner, se reconoció la gran importancia de Hugo Chávez, como personaje histórico mundial. Llegaría a decir, incluso, que no hablamos del presidente de Venezuela, sino del presidente de América Latina. Luego están a los "a pesar de", "a pesar de las formas", un determinado concepto de liderazgo, por otro lado, muy común en países con sistemas presidencialistas, pero que esconde detrás la existencia, también, de un importante movimiento de base que, desde occidente, quizás no vemos. Y es que desde nuestra cultura occidentalizada (signifique lo que signifique eso), vemos quizás con mejores ojos, y tenemos más confianza en otros líderes latinoamericanos (aunque también denostados por la derecha, la derecha “progre” incluída) como Correa. Algunas personas podemos tener más confianza en Maduro incluso que en Chávez... Maduro, un sindicalista, guagüero y con un discurso, pese a su timidez, más serio y más cercano al que podamos tener acá... pero Maduro no es Chávez... y ese es un importante matiz. Es que, sobre todo las formas, cercanas a la manera de ser de la población venezolana de los cerros (que poco tiene que ver con las clases medias y altas venezolanas, y mucho menos con los canario-venezolanos, que por algo se hizo la parodia de los canario-cubanos con los Indianos), ese "huele azufre" explica que Hugo Chávez se convirtiera en un icono, un símbolo a nivel mundial. Y sigue siendo un icono, tan solo que ahora icono y líder ya no van a coincidir en la misma persona.


Se habla de polarización, pero lo cierto es que, sin polarización, hoy andaríamos aún bajo el yugo del feudalismo. Ningún cambio social será con el apoyo del 100% de la población, es evidente (ni siquiera con el 99%, expresión que está últimamente de moda), y en tanto en cuanto la clase económicamente dominante es la que detenta la hegemonía ideológica, se entiende que sus intereses de clase, disfrazados de “comunes”, lleguen a ser asumidos por parte importante de la población aunque no pertenezca a esa minoría que es la oligarquía. El esclavo asume el discurso del amo y así se perpetua el orden. Cuando, como en el caso de Venezuela, se empieza a romper esa hegemonía de la oligarquía, se empiezan a dar esos fenómenos de polarización.


El proceso no está exento de fuertes contradicciones, de pros y contras, es evidente, y muchos preferiríamos que se avanzara más rápido, aunque ello supondría mayores pataleos de la derecha oligárquica al ver perdidos sus privilegios. Lo más curioso es que, lo que se está implantando en Venezuela no es el comunismo, sino un modelo que podríamos llamar social-demócrata, introduciendo en un país latinoamericano políticas equivalentes a lo que en Europa se llamó Estado del Bienestar. ¿a tal punto hemos llegado que la social-democracia nos parece un ejemplo de radicalismo y extremismo?

Sin polarización no hay cambio, si no se tocan los intereses de los privilegiados no hay cambio. Entre opresor y oprimido no hay que llegar a un acuerdo, a un punto medio, pues ello es perpetuar la opresión. Lo que estoy diciendo supongo que no gustará a todo el mundo, pero ello indica que se va por buen camino, quien contente a todo el mundo es que algo está haciendo mal.


Argual, La Palma.