Las semillas ya existen en la naturaleza. De la naturaleza a su mesa

x Darío Aranda

La empresa Monsanto no puede patentar semillas en Argentina porque no son una invención de la multinacional, sino de la naturaleza. Así lo determinó un fallo judicial que rechazó el intento de la compañía de erigirse en dueña de un método para producir transgénicos, propietaria de moléculas de ADN e incluso células vegetales. La sentencia, de segunda instancia, es un duro golpe contra las empresas biotecnológicas que, mediante una modificación genética, pretenden patentar las semillas (y plantas) y que sean de propiedad privada. “Es discutible que pueda patentar todo el material por el sólo hecho de haberlo modificado; como indiscutible que el autor de una obra literaria no deviene en propietario del lenguaje empleado en ella por haberla registrado”, fundamentó la sentencia en su rechazo a Monsanto. La decisión final depende de la Corte Suprema de Justicia.

 

Monsanto, la mayor empresa de transgénicos del mundo, presentó en 1996 el pedido para patentar un método de producción de una planta transgénica, moléculas de ADN que habrían de ser incorporadas a la planta y células vegetales. El organismo encargado, Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI), rechazó el pedido de patentamiento porque consideró que no se trataba de una invención ya que se trata de materia viva y preexistente en la naturaleza.

 

La empresa apeló la negativa del INPI y, en 2007, un juez de primera instancia dio la razón a Monsanto. El organismo oficial recurrió a la segunda instancia judicial y sobrevino un fallo inédito: rechazó que la multinacional pueda patentar como propias las moléculas de ADN y las células vegetales, antesala de la semillas transgénicas.

 

El fallo, de la Sala III de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil y Comercial Federal, frena la pretensión de Monsanto de cobrar canon extra por sus “desarrollos” transgénicos y da un paso más. “La molécula de ADN recombinante y las células modificadas no constituyen una invención (de Monsanto) porque son materia viva y preexistente en la naturaleza. Ese material genético tiene la aptitud de generar una planta completa y los países tienen la facultad de declarar no patentables las plantas”, afirma el fallo, firmado por los jueces Guillermo Alberto Antelo y Ricardo Gustavo Recondo.

 

Los magistrados consideraron que no es patentable “cualquier aporte técnico” que se realice en el campo de la biotecnología y afirma que, en la solicitud de Monsanto, se trata de “una modificación de la materia ya existente en la naturaleza, que no constituye creación humana”.

 

Fernando Cabaleiro, abogado de la ONG Naturaleza de Derechos, se especializa en la aprobación de transgénicos. Explicó qué buscó la empresa al recurrir al INPI: “Monsanto quiere ser el ‘inventor’ de la planta y tener una patente para cobrar un canon extra no solo a quienes compran la semilla sino a todos, como hoy sucede en Estados Unidos y Canadá. Si tenés una semilla sin saber que es transgénica, la sembrás, después vendés la cosecha: Monsanto te exigirá que le pagues el canon. Es la privatización de la semilla”. Explicó que aplica para los cultivos de soja, maíz y algodón, que son los transgénicos autorizados en Argentina, pero podría extenderlo a otros.

 

La sentencia señala: “La naturaleza está estructurada como un lenguaje que tiene 15.000 millones de años. Ese lenguaje puede ser vislumbrado a través de la combinatoria pero no es susceptible de apropiación”. Cabaleiro traduce los tecnicismos de la causa: “Monsanto reclama su propiedad por una molécula de ADN que ya estaba en la naturaleza. Esa molécula será insertada en la semilla y luego será planta. Monsanto quiere ser dueña de todo eso. Es como si el que inventó el ladrillo de barro pretendiera reclamar un canon en cada casa donde se usan ladrillos.

 

Carlos Vicente pertenece a la organización internacional Grain, especializada en el modelo agropecuario a nivel global y el accionar de las multinacionales. “El fallo frena la pretensión de Monsanto de patentar los genes modificados genéticamente y que así pueda tener control total sobre las semillas que los contienen”, explicó Vicente. Recordó que la legislación argentina prohíbe patentar seres vivos y la Ley de Semillas actual permite resembrar sin pagar (práctica tan histórica como la agricultura misma, llamada “uso propio”). Monsanto intenta limitar ese derecho.

 

La empresa también solicitó declarar “inconstitucional” el artículo 6 de la Ley de Patentes (decreto 260/96): “No se considerarán invenciones toda clase de materia viva y sustancias preexistentes en la naturaleza”. La sentencia judicial rechazó el pedido de la empresa y confirmó la validez de la normativa.

 

“El fallo es trascendental porque marca un límite a la apropiación de la vida por las corporaciones”, subrayó Vicente, y alertó sobre el trasfondo de la causa: “Quien controla las semillas controla toda la cadena alimentaria. La lucha no es solo por las regalías, sino por el control de la alimentación”.

 

El fallo está fechado el 26 noviembre de 2015. Ni Monsanto ni sus medios periodísticos dieron a conocer la noticia. La empresa apeló y la estrategia apunta a que la Corte Suprema de Justicia, que nunca ha fallado contra compañías del agronegocios, dicte sentencia en favor de las empresas transgénicas.

 

Monsanto obtiene dinero cada vez que vende una semilla. Pero, al intentar patentar, también quiere cobrar por el grano producido (en las cosechas) y cada vez que el mismo se utilice como semilla mientras dure la patente. Lo cual está prohibido por la legislación argentina.

 

http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-296658-2016-04-11.html

 

Con la Sociedad Rural en contra

 

Monsanto intenta otras dos vías para cobrar dinero extra por las semillas. Impulsa la modificación de la Ley de Semillas (con una legislación a su medida, muy resistida por organizaciones sociales y sectores políticos) y también implementó, por fuera de la ley, contratos con productores y cerealeras para el cobro compulsivo a las cosechas que llegan a puerto. Esta acción le ha valido el rechazo de sus clientes de Federación Agraria y Sociedad Rural Argentina (SRA), que la acusaron de posición dominante y actuar fuera de la ley. El presidente de la Sociedad Rural, Luis Miguel Etchevehere, denunció a la multinacional: “Monsanto no tiene la patente de la soja Intacta RR2 Pro (por la que quiere cobrar el canon extra)”. La SRA realizó un pedido de informes al Institucional Nacional de Propiedad Industrial (INPI) y éste le confirmó que la compañía no cuenta con la patente de la soja.

 

http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/296658-77343-2016-04-11.html

 

 

 

La tríada agroecológica

Esther Vivas

 

 

 

 

A menudo al hablar de los negativos impactos del modelo agroalimentario, nos preguntamos qué hacer. ¿Cómo actuar ante un agronegocio depredador que acaba con la biodiversidad y el campesinado? ¿Qué hacer frente a un sistema agrario adicto al petróleo y a los “alimentos viajeros”? ¿Qué alternativas tenemos cuando la comida nos enferma?

 

La respuesta es triple. Si tres son los colores primarios, si el cristianismo explica la naturaleza de Dios a partir de la santísima trinidad, si el fervor blaugrana adora el tridente Messi, Suárez y Neymar y si los más pequeños sueñan con los tres cerditos, en la agroecología, cuando se plantea una alternativa al modelo agrícola y alimentario dominante, la respuesta también está en el tres.

 

Uno. Agricultura de proximidad, o lo que es lo mismo local o de kilómetro 0. ¿Por qué comer tomates, naranjas, manzanas, garbanzos, uva, brócoli, almendras o espárragos que vienen de la otra punta del mundo, cuando los producimos aquí? ¿Por qué tantos mercados en los países del Sur se encuentran “invadidos” por leche, arroz, aceite y maíz subvencionado en Europa, Estados Unidos o Canadá, que se vende por debajo de su precio de coste y compite deslealmente con el producto local? ¿Por qué los alimentos recorren una media de 5.000 kilómetros del campo al plato? ¿No sería más lógico y económicamente más provechoso promover circuitos cortos de comercialización? No se trata de caer en la retórica chovinista de “mejor lo de casa” ni en un localismo que concibe el mundo como pequeñas unidades aisladas y autárquicas, sino de reclamar más justicia social y ambiental. Los alimentos de kilómetro 0 permiten un mayor beneficio económico en el territorio y además “enfrían el planeta”, es decir no generan gases de efecto invernadero como sí lo hace la comida con miles de kilómetros a sus espaldas.

 

Dos. Agricultura ecológica, certificada o no, pero que garantiza la no utilización de productos químicos de síntesis ni en su producción ni transformación. Unos alimentos libres de transgénicos y de agrotóxicos, que cuidan de nuestra salud y de la del planeta. ¿Por qué tantas campesinas y campesinos tiene que padecer enfermedades debido al modelo agrario industrial? En Francia, sin ir más lejos, el parkinson es considerada una enfermedad laboral agrícola, después que un campesino pudo demostrar judicialmente como un herbicida de Monsanto afectó gravemente su salud y le produjo dicha enfermedad. Por no hablar de los dramáticos efectos del cultivo de soja transgénica en otras latitudes, no solo en el campesinado sino en las poblaciones colindantes, debido al uso de herbicidas venenosos a base de glifosato.

 

Tres. Agricultura campesina, que fortalece y permite el desarrollo del mundo rural. La que valora el saber y el trabajo de quienes cuidan nuestros campos. La que permite una remuneración digna a quienes intentan vivir de trabajar la tierra. Necesitamos una cadena comercial transparente de origen a fin, para saber no solo de donde viene lo que comemos sino para saber quién se beneficia de cada euro que pagamos. Actualmente, quien menos gana es quien produce la comida. De aquí que el trabajo campesino sea una labor “en extinción”. Solo el 4,3% de la población activa en el Estado vive de trabajar la tierra, y la mayor parte son gente mayor. Si el día de mañana los campesinos desaparecen, ¿quién nos dará de comer? Tal vez Monsanto, Syngenta, Procter&Gamble, Coca-Cola, McDonalds, Kraft, Carrefour, Mercadona, El Corte Inglés. Con ellos, ¿nuestra buena alimentación estará garantizada? Os aseguro que no.

 

He aquí la tríada agroecológica, mejor comida y más justa.

 

 

 

Fuente original: http://blogs.publico.es/esther-vivas/2016/04/11/la-triada-agroecologica/

 

Klein: “El sistema capitalista que tenemos ha causado el cambio climático”

Entrevista con Naomi Klein. ¿Podemos detener el calentamiento global? Sólo si cambiamos de modo radical el sistema capitalista

DER SPIEGEL: ¿Por qué no consigue la gente detener el cambio climático?

Klein: Mala suerte. Mal momento. Muchas coincidencias lamentables.

SPIEGEL: ¿La catástrofe equivocada en el momento equivocado?

Klein: El peor momento posible. La conexión entre gases de invernadero y calentamiento global viene siendo una cuestión política central para la humanidad desde 1988. Fue precisamente la época en que cayó el Muro de Berlín y Francis Fukuyama certificó “el fin de la Historia", la victoria del capitalismo occidental. Canadá y los EE.UU. firmaron el primer acuerdo de libre comercio, que sirvió de prototipo para el resto del mundo.

SPIEGEL: ¿De modo que lo que dice usted es que empezó una nueva era de consumo y energía precisamente en el momento en que la sostenibilidad y contención habrían sido más adecuadas?

Klein: Exacto. Y fue precisamente en ese momento cuando nos dijeron que ya no había nada parecido a la responsabilidad social y la acción colectiva, que deberíamos dejarlo todo al mercado. Privatizamos nuestros ferrocarriles y la red energética, la OMC y el FMI se comprometieron con un capitalismo desregulado. Por desgracia, esto condujo a una explosión de las emisiones.

SPIEGEL: Usted es activista y lleva culpando al capitalismo de toda clase de cosas a lo largo de los años. ¿Le echa la culpa ahora también del cambio climático?

Klein: No hay razón para ser irónicos. Las cifras cuentan cuál es la historia entera. Durante los años 90, las emisiones se elevaron un 1% anual. Desde el año 200 han ido subiendo una media del 3.4 %. Se exportó globalmente el sueño americano y se expandieron rápidamente bienes de consumo que creíamos esenciales para satisfacer nuestras necesidades. Empezamos a vernos exclusivamente como consumidores. Cuando el comprar como forma de vida se exporta a todos los rincones del globo, eso exige energía. Mucha energía.

SPIEGEL: Volvamos a nuestra primera pregunta: ¿por qué no ha podido la gente detener este cambio?

Klein: Hemos desechado sistemáticamente las herramientas. Hoy se hace mofa de regulaciones de toda laya. Los gobiernos ya no aplican reglas severas que pongan límites a las compañías petrolíferas y demás empresas. Estas crisis se nos ha venido encima en el peor momento posible. Ya no nos queda tiempo. Estamos en un momento de ahora o nunca. Si no actuamos como especie, nuestro futuro está en peligro. Tenemos que reducir emisiones de modo radical.

SPIEGEL: Volvamos a otra pregunta: ¿No está usted apropiándose indebidamente del cambio climático para utilizarlo en su crítica del capitalismo?

Klein: No. El sistema económico que hemos creado ha creado también el cambio climático. No me lo he inventado. El sistema es inservible, la desigualdad económica es demasiado grande y la falta de contención por parte de las compañías energéticas es desastrosa.

SPIEGEL: Su hijo Toma tiene dos años y medio. ¿En qué clase de mundo vivirá cuando salga del instituto en 2030?

Klein: Eso es lo que está decidiéndose ahora mismo. Veo señales de que podría haber un mundo radicalmente distinto del que tenemos hoy en día, y de que el cambio podría ser bien bastante positivo o extremadamente negativo. Ya es seguro que al menos en parte será un mundo peor. Vamos a experimentar el cambio climático y bastantes más desastres naturales, eso es seguro. Pero tenemos tiempo todavía para impedir un calentamiento verdaderamente catastrófico. Tenemos tiempo asimismo de cambiar nuestro sistema económico para que no se vuelva más brutal y despiadado al enfrentarse al cambio climático.

SPIEGEL: ¿Qué puede hacerse para mejorar la situación?

Klein: Tenemos hoy que tomar algunas decisiones acerca de qué valores son importantes para nosotros y cómo queremos de verdad vivir. Y, por supuesto, hay una diferencia entre que la temperatura se eleve solo 2 grados o lo haga 4 o 5 o más. Todavía nos es posible a los seres humanos tomar las decisiones correctas.

SPIEGEL: Han pasado 26 años desde que se fundó el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC - Intergovernmental Panel on Climate Change) en 1988. Sabemos como mínimo desde entonces que las emisiones de CO2 causadas por quemar petróleo y carbón son responsables del cambio climático. Pero poco se ha hecho por encarar el problema. ¿No hemos fracasado ya?

Klein: Yo veo la situación de modo diferente, dado el enorme precio que tendremos que pagar. Mientras tengamos la menor oportunidad de éxito o de minimizar el daño, tenemos que seguir luchando.

SPIEGEL: Hace varios años, la comunidad internacional estableció un objetivo para limitar el calentamiento global a dos grados centígrados. ¿Lo considera todavía alcanzable?

Klein: Bueno, todavía es una posibilidad física. Tendríamos que reducir inmediatamente las emisiones globales en un 6% anual. Los países más ricos tendrían que sobrellevar un peso mayor, lo que significa que los EE.UU. y Europa tendrían que recortar emisiones entre un 8% y un 10% anual. Inmediatamente. No es imposible, solo que es profundamente irreal políticamente con nuestro actual sistema.

SPIEGEL: ¿Está usted diciendo que nuestras sociedades no son capaces de hacerlo?

Klein: Sí. Necesitamos un cambio espectacular, tanto en la política como en la ideología, porque hay una diferencia fundamental entre lo que los científicos nos dicen que tenemos que hacer y nuestra actual realidad política. No podemos cambiar la realidad física, así que tenemos que cambiar la realidad política.

SPIEGEL: ¿Puede una sociedad que se centra en el crecimiento combatir de verdad con éxito el cambio climático?

Klein: No. Un modelo económico basado en un crecimiento indiscriminado lleva inevitablemente a un mayor consumo y a mayores emisiones de CO2. Puede y debe haber crecimiento en el futuro en muchos sectores bajos en carbón de la economía: en tecnologías verdes, en transporte público, en todas las profesiones que proporcionan cuidados, en las artes y, por supuesto, en educación. Ahora mismo, el núcleo de nuestro producto interior bruto comprende solo el consumo, las importaciones y exportaciones. Ahí tiene que haber recortes. Cualquier otra cosa sería engañarse.

SPIEGEL: El Fondo Monetario Internacional afirma lo contrario. Dice que el crecimiento económico y la protección del clima no se excluyen mutuamente.

Klein: No analizan las mismas cifras que yo. El primer problema es que en todas estas conferencias sobre el clima todo el mundo actúa como si fuéramos a llegar a nuestra meta por medio de un compromiso propio y de obligaciones voluntariamente aceptadas. Nadie le dice a las empresas petrolíferas que van a tener que ceder. El segundo problema es que estas empresas van a luchar como fieras para proteger lo que no quieren perder.

SPIEGEL: ¿En serio quiere eliminar el libre mercado con el fin de salvar el clima?

Klein: No hablo de eliminar mercados, pero nos hace falta mucha más estrategia, dirección y planificación, y un equilibrio muy diferente. El sistema en el que vivimos está abiertamente obsesionado con el crecimiento, considera bueno todo crecimiento. Pero hay formas de crecimiento que está claro que no son buenas. Está para mí claro que mi posición entra en conflicto directo con el neoliberalismo. ¿Es verdad que en Alemania, aunque han acelerado ustedes el cambio a las renovables, el consumo de carbón está en realidad aumentando?

SPIEGEL: Eso era cierto entre 2009 y 2013.

Klein: Para mí eso es expresión de su renuencia a tomar decisiones sobre lo que hace falta llevar a cabo. Alemania tampoco va a cumplir su objetivo de emisiones en años venideros.

SPIEGEL: ¿Es la presidencia de Obama lo peor que podía haberle pasado al clima?

Klein: En cierto modo. No porque Obama sea peor que un republicano, que no lo es, sino porque estos ocho años fueron la mayor oportunidad desperdiciada de nuestras vidas. Se daban los factores justos para una convergencia realmente histórica: consciencia, apremio, ánimo, su mayoría política, el fracaso de los Tres Grandes fabricantes de automóviles norteamericanos y hasta la posibilidad de encarar a la vez el cambio climático y el fallido mundo financiero sin regular. Pero cuando accedió al cargo no tuvo el valor de acometerlo. No venceremos en esta batalla a menos que estemos dispuestos a hablar de por qué Obama consideró que el hecho de tener control sobre bancos y compañías de automóviles era más una carga que como una oportunidad. Estaba prisionero del sistema. No quiso cambiarlo.

SPIEGEL: Los EE.UU. y China llegaron finalmente a un acuerdo inicial sobre el clima en 2014.

Klein: Lo cual, por supuesto, es algo bueno. Pero todo lo que puede resultar penoso en el acuerdo no entrará en vigor hasta que Obama concluya su cargo. Con todo, lo que ha cambiado es que Obama dijo: "Nuestros ciudadanos se están manifestando, no podemos ignorarlo". Los movimientos de masas son importantes, tienen repercusiones. Pero para empujar a nuestros líderes hasta donde tienen que llegar, los movimientos tienen que hacerse aún más fuertes.

SPIEGEL: ¿Cuál debería ser su meta?

Klein: En los últimos 20 años, la extrema derecha, la absoluta libertad de las empresas petrolíferas y la libertad del 1% de los superricos de la sociedad se han convertido en norma política. Tenemos que desplazar de nuevo el centro político norteamericano de la franja derechista a su lugar natural, el verdadero centro.

SPIEGEL: Señora Klein, eso no tiene sentido, porque es una ilusión. Piensa usted en abarcar demasiado. Si quiere usted eliminar el capitalismo antes de pergeñar un plan para salvar el clima, sabe usted que esto no va a suceder.

Klein: Mire, si quiere usted deprimirse, hay muchas razones para ello. Pero seguirá usted equivocándose, porque el hecho es que centrarse en cambios graduales supuestamente conseguibles, como el comercio de emisiones y el cambio de bombillas, ha fracasado miserablemente. En parte eso se debe a que en la mayoría de los países, el movimiento ambiental ha seguido elitista, tecnocrático y supuestamente neutral en lo político durante dos décadas y media. Ya vemos hoy cuáles son los resultados: nos ha llevado por el camino equivocado. Las emisiones están aumentando y aquí está el cambio climático. En segundo lugar, en los EE.UU. todas las transformaciones importantes legales y sociales de los últimos 150 años han sido resultado de movimientos sociales masivos, ya estuviesen a favor de las mujeres, contra la esclavitud o en pro de los derechos civiles. Necesitamos de nuevo esta fortaleza, y bien rápido, porque la causa del cambio climático es el sistema político y económico mismo. Su enfoque es demasiado tecnocrático y estrecho.

SPIEGEL: Si intenta usted solucionar un problema específico dándole la vuelta a todo el orden social, no lo va a resolver. Eso es una fantasía utópica.

Klein: Si el orden social es la raíz del problema, no. Visto desde otra perspectiva, nadamos literalmente en ejemplos de pequeñas soluciones: hay tecnologías verdes, leyes locales, tratados bilaterales e impuestos al CO2. ¿Por qué no tenemos todo eso a escala global?

SPIEGEL: ¿Está usted diciendo que todos esos pequeños pasos – tecnologías verdes e impuestos al CO2 y un comportamiento ecológico individual – no tienen sentido?

Klein: No. Todos deberíamos hacer lo que podamos, por supuesto. Pero no podemos engañarnos con que eso sea suficiente. Lo que digo es que esos pequeños pasos seguirán siendo demasiado pequeños si no se convierten en un movimiento de masas. Necesitamos una transformación económica y política, que se base en comunidades más fuertes, empleos sostenibles, mayor regulación y un alejamiento de esta obsesión del crecimiento. Esas son las buenas noticias. Tenemos de verdad la oportunidad de resolver muchos problemas de inmediato.

SPIEGEL: No parece contar con la razón colectiva de políticos y empresarios.

Klein: Porque el sistema no puede pensar. El sistema recompensa la ganancia a corto plazo, lo que quiere decir beneficios rápidos. Fíjese en Michael Bloomberg, por ejemplo...

SPIEGEL: …empresario y antiguo alcalde de la ciudad de Nueva York…

Klein: …que entiende la gravedad de la crisis del clima como político. Como empresario, prefiere invertir en un fondo que se especializa en activos de petróleo y gas. Si una persona como Bloomberg no puede resistirse a la tentación, se puede asumir en ese caso que no es tan grande la capacidad de autoconservación del sistema.

SPIEGEL: Un capítulo especialmente inquietante de su libro es el de Richard Branson, presidente del Grupo Virgin.

Klein: Sí, no me lo habría esperado.

SPIEGEL: Branson ha tratado de presentarse como un hombre que quiere salvar el clima. Todo empezó en un encuentro con Al Gore.

Klein: Y en 2006 se comprometió en un acto que acogía la Clinton Global Initiative a que invertiría 3.000 millones de dólares en investigación en tecnologías verdes. En aquella época yo pensaba que sería una aportación realmente fantástica. Lo que no se me ocurrió pensar es “qué cabrón tan cínico eres”.

SPIEGEL: Pero Branson no estaba más que simulando y solo invirtió una parte de ese dinero.

Klein: Puede que fuera sincero en ese momento, pero sí, se invirtió una parte.

SPIEGEL: Desde 2006, Branson ha añadido 160 nuevos aviones a sus numerosas líneas aéreas y ha incrementado sus emisiones en un 40%.

Klein: Sí.

SPIEGEL: ¿Qué se puede aprender de esta historia?

Klein: Que tenemos que poner en tela de juicio el simbolismo y los gestos que hacen las estrellas de Hollywood y los superricos. No podemos confundirlos con un plan científicamente serio para reducir emisiones.

SPIEGEL: En Norteamérica y Australia, se gasta mucho dinero intentando negar el cambio climático. ¿Por qué?

Klein: Es distinto de Europa. Se trata de una indignación semejante a la de quienes se oponen al aborto y el control de armas. No se trata sólo de que estén protegiendo un modo de vida que no quieren cambiar. Es que han entendido que el cambio climático pone en solfa el núcleo de su sistema de creencias contrario al gobierno y en pro del libre mercado. De modo que tienen que negarlo para proteger su propia identidad. Por eso por lo que existe esta diferencia de intensidad: los liberales quieren actuar un poquito en la protección del clima. Pero al mismo tiempo, estos liberales tienen una serie de cuestiones aparte que figuran de modo más destacada en su agenda. Pero tenemos que entender que los más duros de quienes niegan el cambio climático entre los conservadores harán todo lo que esté en su mano para impedir que se actúe.

SPIEGEL: ¿Con estudios pseudocientíficos y desinformación?

Klein: Con todo eso, por supuesto.

SPIEGEL: ¿Explica eso por qué relaciona todas esas cuestiones – cuestiones de medio ambiente, igualdad, salud pública y trabajo – que son populares entre la izquierda? ¿Por razones puramente estratégicas?

Klein: Esas cuestiones guardan relación y nos hace falta asimismo relacionarlas en el debate. Sólo hay un modo de vencer en una batalla contra un pequeño grupo de personas que se te enfrentan porque tienen mucho que perder: hay que iniciar un movimiento masivo que abarque a toda aquella gente que tiene mucho que ganar. A quienes lo niegan solo se les puede derrotar si te muestras igual de apasionado que ellos, pero también cuando eres superior en número. Porque la verdad es que son realmente muy pocos.

SPIEGEL: ¿Por qué no cree usted que la tecnología tenga potencial para salvarnos?

Klein: Se ha producido un progreso tremendo en el almacenamiento de energías renovables, por ejemplo, y en la eficiencia solar. Pero ¿en el cambio climático? Yo, en cualquier caso, no tengo bastante fe como para decir: "Como ya nos inventaremos algo en un momento dado, dejemos de lado todos los demás esfuerzos". Eso sería una insensatez.

SPIEGEL: Gente como Bill Gates ve las cosas de modo diferente.

Klein: Y yo encuentro ingenuo su fetichismo tecnológico. En años recientes hemos sido testigos de ciertos fracasos verdaderamente resonantes en los que algunos de los tíos más listos metieron la pata hasta el fondo a una escala grandiosa, ya fuera con los derivados que desencadenaron la crisis o la catástrofe petrolífera de la costa de Nueva Orleans. En una gran mayoría, la gente, nosotros, destrozamos las cosas y no sabemos luego cómo arreglarlas. Y ahora mismo, lo que estamos destrozando es nuestro planeta.

SPIEGEL: Oyéndola, se podría tener la impresión de que la crisis del clima es una cuestión de género.

Klein: ¿Por qué dice usted eso?

SPIEGEL: Bill Gates dice que tenemos que avanzar e idear nuevas invenciones para poner bajo control el problema y, en última instancia, esta Tierra nuestra tan complicada. Por otro lado, dice usted: parad, no, tenemos que adaptarnos a este planeta y volvernos más livianos. Las compañías petrolíferas norteamericanas están dirigidas por hombres. Y a usted, una mujer crítica, la describen como una histérica. No resulta absurdo pensarlo, ¿verdad?

Klein: No. La industrialización en su conjunto estaba emparentada con el poder, con ver si sería el hombre o la naturaleza la que dominara la Tierra. A algunos hombres les resulta difícil reconocer que no lo tenemos todo bajo control; que hemos acumulado todo este CO2 a lo largo de los siglos y que la Tierra hoy nos dice: mira, no eres más que un invitado en mi casa.

SPIEGEL: ¿Invitado de la Madre Tierra?

Klein: Eso suena demasiado cursi. Pero, con todo, tiene usted razón. La industria petrolífera es un mundo dominado por los hombres, muy semejante en eso a las altas finanzas. Es algo muy de machos. La idea norteamericana y australiana de "descubrir" un país infinito y de que se puedan extraer inacabables recursos entraña un relato de dominación, que representa tradicionalmente a la naturaleza como una mujer débil y torpe. Y la idea de estar en relación de interdependencia con el resto del mundo natural se considera una debilidad. Por eso es por lo que les resulta doblemente difícil a los machos alfa reconocer que se han equivocado.

SPIEGEL: Hay en su libro una cuestión de la que parece querer desviarse. Aunque denigra usted a las empresas, no dice usted nunca que sus lectores, que son clientes de estas empresas, son asimismo culpables. Tampoco dice usted nada del precio que tendrá que pagar cada uno de sus lectores por la protección del clima.

Klein: Oh, yo creo que la mayoría de la gente estaría encantada de pagar por ello. Saben que la protección del clima exige un comportamiento razonable: conducir menos, volar menos y consumir menos. Estarían encantados de utilizar energías renovables si se les ofreciera.

SPIEGEL: Pero la idea no es lo bastante grande, ¿verdad?

Klein: (ríe) Exacto. El movimiento verde pasó décadas instruyendo a la gente para que utilizara su basura como abono, para que reciclara y montase en bicicleta. Pero fíjese en lo que ha sucedido con el clima durante estas décadas.

SPIEGEL: ¿Es su manera de vivir beneficiosa para el clima?

Klein: No lo bastante. Voy en bicicleta, utilizo el transporte público, trato de dar charlas por Skype, comparto un coche híbrido y he recortado mis vuelos hasta una décima parte de lo que eran antes de empezar este proyecto. Mi pecado está en tomar taxis y, desde que salió el libro, en volar demasiado. Pero no creo tampoco que tenga que ser la gente perfectamente verde y que vive sin emitir CO2 la única que deba hablar sobre esta cuestión. Si así fuera, entonces nadie podría decir una palabra en absoluto.

 

Der Spiegel. Traducción para sinpermiso.info: Lucas Antón

Texto completo en: http://www.lahaine.org/lel-sistema-capitalista-que-tenemos

 

 

Campesinos del mundo, uníos

Esther Vivas

Año tras año la  población campesina en el mundo ha ido disminuyendo. El éxodo rural se ha convertido en una realidad palpable en el transcurso del siglo XX. Lo que ha desembocado en un cambio radical del paisaje y de la agricultura campesina y tradicional. En el año 2007, y por primera vez en la historia de la humanidad, la mayor parte de la población mundial vivía ya en ciudades.



El Estado español no ha sido una excepción. Y la agricultura ha pasado de ser una de las principales actividades económicas a una práctica casi residual. Si en los años 70 aún el 25% de la población activa trabajaba en el sector agrícola, hoy esta cifra se ha reducido hasta el 4%, y ha significado una pérdida de más de dos millones y medio de empleos. Las explotaciones agrarias siguen desapareciendo a gran velocidad. Entre los años 1999 y 2009, disminuyeron en un 23%, según el Censo Agrario del INE 2009 . Pronto tendremos que colgar en nuestros campos el cartel de “Cerrado por defunción”.



La renta agraria, también, continua en caída libre. Y en el 2012 retrocedió a niveles de veinte años atrás, según el sindicato agrario COAG, con el consiguiente empobrecimiento del campesinado. Pobreza y mundo rural van de la mano. En Europa, una tercera parte de los pobres se concentran en el ámbito rural. Y la pobreza afecta, en particular, a las mujeres. El envejecimiento de la población, la falta de oportunidades para los jóvenes, la emigración, los bajos ingresos en la agricultura, las malas infraestructuras son síntomas claros de la pobreza en el campo, como señala el informe Poverty and Social Exclusion in Rural Areas [Pobreza y Exclusión Social en las Áreas Rurales] de la Unión Europea en 2008.



Los campesinos desparecen pero nuestras necesidades alimentarias siguen allí. Entonces, ¿quiénes nos dan de comer? ¿quiénes producen y distribuyen la comida? Unas pocas empresas de la agroindustria y de la distribución son las que controlan actualmente toda la cadena alimentaria, de origen a fin. Multinacionales que buscan hacer dinero, y mucho, con los alimentos. Dupont, Syngenta, Monsanto, Kraft, Nestlé, Procter&Gamble, Carrefour, Alcampo, El Corte Inglés, Mercadona son sólo algunas. Y así nos va.



Estos días se celebra la Semana de Lucha Campesina para exigir otras políticas agrícolas y alimentarias. Un tema clave: la lucha contra los transgénicos. El Estado español es la puerta de entrada de los OGM (Organismos Genéticamente Modificados) en Europa, su paraíso. Variedades prohibidas en otros países, como Francia, Grecia, Austria, Alemania…, aquí se conrean. Y otro frente de batalla: la soberanía alimentaria, que consiste en devolver la capacidad de decidir sobre aquello que se produce y se come a campesinos y consumidores. Ser soberanos, poder decidir. Palabras proscritas en los tiempos que corren.



La Vía Campesina, el movimiento internacional más importante de agricultores del Norte y del Sur, los más golpeados por el avance de la globalización neoliberal, sin tierra, pequeños productores, mujeres campesinas…, lo llevan reivindicando desde mediados de los años 90. Su leitmotiv: Campesinos del mundo, uníos. Necesitamos de ellos.

*Artículo publicado en Público, 19/04/2013.




Fukushima. Dos años de preocupante silencio

Roberto Peccia

El viernes 11 de marzo del año dos mil once a las 16.46 (hora loca) el archipiélago japonés fué sacudido por un violento terremoto y posterior tsunami, que indujo el “accidente” atómico en el Gran Complejo Fukushima Daichi de 3.597 MW. La letal catástrofe en la central nuclear (que no puede ser abordada sólo como producto-consecuencia de la naturaleza) fueron causados por graves errores técnicos y humanos. “Todos fallaron en Fukushima”, anunciaron los titulares al presentarse el informe (dic.2011) solicitado por el Gobierno y presidido por Yotaro Hatamura: “…La forma en que la empresa enfrentó el accidente nuclear, estuvo “plagada de irregularidades e incluyó situaciones extremadamente inapropiadas”… “...Las autoridades fallaron por no dar respuesta al desastre pensando en las víctimas” (Prensa Cancillería). El Informe no hace sino confirmar lo que paradójicamente, se ha negado sistemáticamente: su seguridad carece de base cierta y efectiva Fueron 25 mil muertos y desaparecidos, 140 mil evacuados, 125 mil personas en refugios provisorios, 45 millones m3. de desechos radioactivos, etcétera, etcétera.

Junto con Three Mile Island (1979,EEUU), Chernobyl (1986,Ucrania, el mayor desastre atómico civil hasta la fecha), la planta japonesa por razones técnicas aún científicamente desconocidas, no produjo una catástrofe en cadena similar o superior a la usina rusa. Con una acotada conmoción global inicial, el accidente ha tenido un alto voltaje desinformativo y descontextualizador. Japón que pertenece al exclusivo grupo de países centrales y tecnológicamente más adelantado del mundo (hasta los 90 fue identificado como el milagro), había evaluado desde las más altas esferas gubernamentales, la posibilidad de evacuar su ciudad capital amte la tragedia. Este pàís carece de combustibles fósiles que debe importar a un alto costo, y con su producción nucleoeléctrica participa en más de un tercio del total de la matriz. En reducido territorio, con 54 plantas en actividad y densamente urbanizada, el complejo Fukushima Daichi se encuentra ubicado a sólo 150 kilómetros de la mayor Area Metropolitana del mundo (Tokio) habitada por 36 millones de seres humanos. Es pertinente recordar que Asia es la región más poblada del planeta, ubicando a Seúl (20,5 millones, Corea del Sur) como segunda (y próxima) megaciudad global. La tragedia del 11.03 posee externalidades preocupantes y no bien registradas. Un relevamiento cartográfico de radiación incluyó a 18 de sus 47 prefecturas, y el mayor vertido tóxico al mar de su historia, 11,5 millones de toneladas de agua contaminada. El sismo en Japón, se estima que ha desplazado la isla en unos 2,40 metros y que sus materiales radioactivos penetraron 30 centímetros desde el nivel del suelo en cercanías de la planta, que será necesario retirar por décadas, aunque no se sabe a ciencia cierta su destino final. Estas instalaciones nucleares son proyectadas para una vida útil de 30 años (+ 10 años de extensión-readecuación), sin embargo podrán funcionar (EEUU., España, Japón, etc.), hasta (60) sesenta años por ahora. En Fukushima no se ha podido acceder (transcurrido dos años) al relevamiento de dos reactores afectados (por carencia de instrumental idóneo a la fecha), y se encuentra en delicada situación el edificio (volaron sus tres pisos superiores) de la piscina de almacenamiento que contiene más de 1.500 barras de combustible a la intemperie (con una vida radioactiva estimada en miles de años) de muy compleja manipulación-transportación. La propietaria y operadora Tokio Electric Power (TEPCO) luego de solicitar al Gobierno nipón 6.771 millones de euros, debió ser finalmente nacionalizada. Un equipo de expertos encargado de determinar la cuantía de las indemnizaciones había calculado que la empresa debía pagar unos 46.126 millones de euros sólo por este concepto en los primeros dos años tras el accidente nuclear..” El desmantelamiento se espera que dure hasta 40 años y consistirá una difícil tarea el remover el combustible nuclear fundido de tres reactores. Paródicamente TEPCO había declarado que no es responsable de la radiactividad (de Fukushima), porque no es de su propiedad.. En fecha reciente la Organización Mundial de la Salud (OMS.) advierte sobre el aumento de diversos tipos de cánceres en infantes y mujeres expuestas. Chernobyl, transcurrido más de un cuarto de siglo, prosigue con sus gravísimas (incluso inéditas) consecuencias sanitarias.

De más de 400 plantas nucleares en el mundo, la Universidad de Columbia, EEUU.y Nature (publicado por la Secretaría de Ciencia y Tegnología INR.), relevaron 211 instalaciones que arrojaron cifras alarmantes por su letal proximidad con centros urbanos: 2/3 de ellas a sólo 30 Km. de distancia con más de 1,0; 3,4 y 8,2 millónes de habitantes. Si nos alejamos a 75 Km. conviven 2 plantas con 28 millones de humanos (China, incluída Hong Kong), y/o 17,3 millones de residentes en Indian Point (Nueva York), y varios etcéteras citadinos (fuente: www.nature.com/news). En el mientras tanto Alemania (primera potencia manufacturera de la eurozona) desconectará sus plantas nucleares en el 2022 (17 usinas en actividad y el 45% en su producción mucleoeléctrica). Otros países europeos se encuentran cuestionados por presión de sus pueblos.

Nuestra región (fuerte exportadora de petróleo, 30 millones de habitantes sin acceso al servicio electrico y un aporte nucleoelétrico de sólo el 2,79%), no figura en la lista citada, aunque es pertinente recordar a los tres gigantes nucleares continentales: Brasil (Angra I y II) a 100 Km. de Rio de Janeiro (12,1 millones de personas); Argentina con Atucha I a 103 Km. del AGBA (13 millones habitantes), Embalse Rio Tercero a 120 Km. del Gran Córdoba (1,3 millones), y México (Laguna Verde I y II) a 290 Km.del Distrito Federal (20,4 millones de habitantes, tercera megaciudad planetaria). Todas ellas con proyectada expansión y crecimiento en el mediano plazo (ONU). Los tres países tienen planes de expansión; Brasil y Argentina, una planta nuclear en construcción avanzada cada uno.

Elegir como alternativa científico-técnica aquello que puede matarnos por cercanía no es precisamente virtuoso, menos aún si obviamos el indivisible entorno físico con los seres humanos que la integramos. Una revisión a este subsistema de producción (nada tranquilizadora y de muy dudosa seguridad), es posible que también nos aproxime a “no consumir más sino mejor”. El silencio, invisibilidad y ausencia de un veraz debate colectivo, tras los dos años tarnscurridos desde el 11.03, colabora muy poco para poder evitar catástrofes como la de Fukushima Daichi.

Roberto Peccia es arquitecto y autor del libro “Energía nuclear, réplicas humanas y urbanas”.- Rosario, (Argentina)

 

El infierno se muda

Eduardo Montes de Oca

Exageración, ninguna. El infierno, ese horno donde solo los pecadores serían tostados por los siglos de los siglos, parece estarse mudando del mítico inframundo a este ámbito nuestro de cada día, y socializando sus castigos, porque justos y trasgresores, la humanidad toda, recibe golpes de calor que nadie podría achacar a fenómenos puntuales, como la menopausia, por ejemplo.

 

 

 

 

La tierra, para quien la trabaja

Esther Vivas

La tierra es fuente de negocio para unos pocos, ya sea aquí o en la otra punta del planeta. En el Estado español, el boom inmobiliario ha dejado un legado de urbanizaciones en ruinas, aeropuertos sin prácticamente aviones, pueblos fantasma, grandes infraestructuras en desuso... Una realidad que la fotógrafa Julia Schulz-Dornburg ha retratado brillantemente en su libro/inventario Ruinas modernas, una topografía de lucro. Y en los países del Sur, el afán de beneficio con la tierra expulsa a campesinos, pueblos indígenas e impone monocultivos para la exportación, grandes infraestructuras al servicio del capital o el expolio de sus recursos naturales.


Cambio climático y capital financiero: un comentario sobre Alejandro Nadal

José A. Tapia

Dice Alejandro Nadal [1] en SinPermiso que las fuerzas del capital financiero harán muy difícil frenar el cambio climático. Para Nadal el sistema financiero "es un potente obstáculo para prevenir una catástrofe derivada del calentamiento global"; en ese sistema "anidan fuerzas que se opondrán con todo a un acuerdo que evite el peligro del cambio climático catastrófico."

Nadal justifica su idea en el hecho de que las reservas de combustibles fósiles están en gran parte bajo el control de empresas que cotizan en bolsa y, por lo tanto, un compromiso firme de reducir sustancialmente el ritmo al que se consumen esas reservas reduciría enormemente el valor bursátil de esas corporaciones. "Desde el punto de vista contable a nadie le importa un pepino si la utilización de esas reservas es suficiente para sobrepasar el peligroso umbral de los dos grados centígrados. El cambio climático no es un concepto contable."

Según Nadal, se trata de un conflicto de dimensiones históricas entre la comunidad científica, que advierte que es necesario no quemar las reservas de combustibles fósiles, y las empresas e inversionistas que tienen interés en realizar sus activos, extrayendo y usando esas reservas.

Tal como he mostrado junto con Ed Ionides y Oscar Carpintero en una publicación reciente (Climate change and the world economy: Short-run determinants of atmospheric CO 2 , Environmental Science & Policy Vol. 21, pp. 50-62, 2012), no solo las emisiones mundiales de CO 2 , sino también las concentraciones atmosféricas de dicho gas son procíclicas respecto de la economía mundial. En la jerga macroeconómica que una variable es procíclica significa que tiende a aumentar en las épocas de expansión de la economía y a disminuir (o aumentar menos rápido) en las de recesión. O sea, que las emisiones mundiales y las concentraciones atmosféricas de CO 2 son procíclicas significa que aumentan tanto más rápido cuanto “más próspera” es la economía mundial. Los únicos "éxitos" de la humanidad en la lucha por impedir el desastre climático en los últimos cuarenta años han sido precisamente lo que la gran mayoría de los economistas consideran grandes desastres de la economía mundial, a saber, las crisis más o menos generalizadas de mediados de los setenta, comienzos de los ochenta, comienzos y finales de los noventa y la Gran Recesión de 2007-2009. En cada una de esas épocas en las que el ritmo de crecimiento del producto bruto mundial se redujo sustancialmente, también se redujeron sustancialmente las emisiones de CO 2 y el ritmo de aumento del CO 2 atmosférico.

Nadal tiene toda la razón en lo que dice sobre las reservas de combustibles fósiles. En el interés de quienes hoy son propietarios de esas reservas está generar ganancias mediante su extracción y venta. El ritmo al que se extraigan esas reservas podrá depender en cierta medida de los cambios de precio esperados, ya que si la expectativa es de precios muy altos en el futuro, los propietarios actuales pueden diferir la extracción y venta de esas reservas. Pero por otra parte, en las décadas recientes los precios de los combustibles fósiles han ido aumentando y, por ejemplo, según el Instituto Internacional de la Energía ya hemos llegado al pico de producción de petróleo, por lo que, salvo oscilaciones temporales dependientes del juego del cambio de la demanda, lo más probable es que el precio de los precios de la energía siga aumentando y ello será un acicate muy grande para que se sigan extrayendo reservas y poniéndolas en el mercado.

En lo que hay que discrepar de Alejandro Nadal es en la idea de que todo esto tiene que ver con el capital financiero. Porque, en realidad, un consumo creciente de energía no solo es una necesidad de las empresas que cotizan en bolsa o que comercializan esos combustibles fósiles, sino, básicamente, de todas las empresas y de todo el capital. La industria automovilística, de la que depende una gran proporción de la industria mundial, está directamente interesada en evitar cualquier reducción significativa del consumo de combustibles fósiles, por ejemplo mediante un impuesto a la producción que implique emisiones, ya que esa reducción también significaría una caída de sus ventas y de sus beneficios. Por razones similares, todo el sector de servicios vinculado con el turismo se opondrá con uñas y dientes a cualquier medida efectiva para recortar las emisiones. La agroindustria, que hoy depende de un uso sustancial de energía en forma de mecanización e insumos químicos, se opondrá a medidas que reduzcan las emisiones de CO 2 porque esas medidas aumentarán el costo de esos insumos y reducirán sus beneficios. Salvo excepciones aisladas de empresas implicadas en la comercialización de energías alternativas (paneles solares, molinos generadores de energía eólica, etc.), las empresas en general de todos los sectores necesitan energía barata como insumo de su producción y como elemento básico de un transporte que permita extender su mercado a ámbitos cada vez mayores.

Es posible considerar al sistema financiero mundial como una representación del capital mundial en su conjunto, en la medida que ese capital es relativamente móvil y circula de unos sectores o países a otros, en búsqueda de rentabilidades mayores. Pero aplicar el término “capital financiero” a todo el capital en vez de reservarlo para las empresas que se centran en el mundo de las finanzas (bancos, compañías de seguros, fondos de inversión), parece un uso excesivo. En ese sentido no se puede estar de acuerdo con Nadal en que el capital financiero es un obstáculo principal para prevenir la catástrofe del calentamiento global. Es el capital en su conjunto el que representa "fuerzas que se opondrán con todo a un acuerdo que evite el peligro del cambio climático catastrófico". Por desgracia (¿o será por suerte?), luchar hoy contra el cambio climático parece muy difícil sin luchar a la vez contra el capital en su conjunto. O dicho de otra manera, evitar el desastre climático no parece posible sin ir más allá del capitalismo. Los intentos de hacerlo, como el interesante impuesto al carbono propuesto por James Hansen, caen en oídos que más que sordos, están ensordecidos por el ánimo de lucro. Y eso es cosa del capital, no del capital financiero solamente.

 

 

José A. Tapia es investigador y docente en la Universidad de Michigan, Ann Arbor. Es autor junto con Rolando Astarita de La Gran Recesióny el capitalismo del siglo XXI (Madrid, Libros de la Catarata, 2011). Próximamente aparecerá   en Maia su edición de Crisis y teoría de la crisis: Un ensayo sobre Marx y la “ciencia económica” , de Paul Mattick.

 

Notas:

[1] Este artículo fue enviado para publicación a la redacción de SinPermiso, de cuyo consejo editorial es miembro Alejandro Nadal. La redacción de SinPermiso dijo no poder publicarlo por falta de espacio.

 

La Cumbre de los Pueblos denuncia que los Gobiernos representan a las multinacionales

Ente el 25 al 27 de enero se ha celebrado en Santiago de Chile la Cumbre de los Pueblos de América Latina, el Caribe y Europa: Por la Justicia social, la solidaridad internacional y la soberanía de los Pueblos. Este encuentro de movimientos sociales se ha desarrollado paralelo a la cita oficial de la Cumbre de la Unión Europea y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños a la que han asistido representantes de más de 40 países que pretenden profundizar en las alianzas tanto en el comercio como en inversiones.

 
La Cumbre de los Pueblos, por su lado, se realizó en la Universidad de Chile, cuyos estudiantes han sidoprotagonistas del movimiento estudiantil chileno que reclama educación gratuita y de calidad al Estado chileno.


Los organizadores del encuentro de los movimientos sociales han expresado que “la Cumbre de los Pueblos de Santiago tiene lugar en medio de una crisis económica y financiera mundial” y es “una oportunidad importante para cuestionar las distintas dimensiones de la crisis y los intentos gubernamentales de utilizar la inversión de capitales europeos en América Latina como un camino de salida a ella”.
 
Silencio sobre los problemas del país

La Cumbre de la EU y CELAC se realiza en Chile mientras hay un completo silencio de las autoridades en torno a la huelga de hambre de los presos políticos mapuche y a la petición de decenas de organizaciones sociales y derechos humanos al Estado chileno para que se ponga freno a la militarización que sufren las comunidades mapuche.
 
La Comisión Ética Contra la Tortura ha realizado una llamada humanitaria al presidente chileno Sebastián Piñera solicitando la libertad inmediata e incondicional de los presos políticos mapuche, la creación de una instancia de diálogo para resolver el conflicto, la devolución de los territorios mapuche hoy en manos de las empresas forestales, el respeto al Convenio 169 de la OIT y la protección de la integridad física y psíquica de la niñez mapuche, entre
otras medidas.

Además, la cumbre alternativa ha denunciado que Chile es uno de tantos países que sigue adoptando las políticas de la doctrina de la Seguridad Nacional y sigue enviando a sus soldados a entrenarse a la Escuela de las Américas del Ejército de Estados Unidos y aún conserva la misma constitución del dictador Augusto Pinochet.
 
 Acuerdos para las multinacionales

Tras el cierre de la cumbre alternativa, las organizaciones sociales allí presentes, entre ellas Ecologistas en Acción, se ha denunciado los intereses puramente económicos representados a través de los gobiernos presentes en Chile esos días.

Para Ecologistas en Acción el encuentro oficial “no ha podido ser más lejano a las necesidades de las poblaciones de ambos bloques[a uno y otro lado del Atlántico] y del medio ambiente”. El grupo ecologista denuncia que los tratados internacionales como los Tratados Bilaterales de Inversión (TBI) y los de Libre Comercio (TLC) se utilizan para salvaguardar los intereses de las empresas transnacionales. Además, el grupo ecologista recuerda que se están imponiendo oganismos como el CIADI (Centro Internacional para el Arreglo de Controversias Relacionadas con las Inversiones) del Banco Mundial con árbitros que fallan a favor de las grandes transnacionales lo que ha hecho que países como Bolivia o Venezuela hayan abandonado  el CIADI.

Recuerdan que los objetivos del encuentro de mandatarios en la Cumbre de la Unión Europea y la Comunidad de Estados “tienen mucho que ver con el acceso a las materias primas imprescindibles para la economía comunitaria” y concluyen han permitido proyecto de megaminería o la construcción de grandes represas en los ríos con un grave impacto ambiental y social para las comunidades que habitan estos territorios. Ejemplo de ello son las resistencias de cientos de personas en Ecuador contra las extracciones petroleras, en Perú contra los proyectos de minería a cielo abierto como Cajamarca, Brasil contra presas de Belo Monte o las de Chile contra las presas en los ríos Baker y Pascua que quiere levantar Endesa.


Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/global/la-cumbre-pueblos-denuncia-gobiernos-presentes-chile-defienden-intereses-sus-multinacionales

 

Freirina rebelde

Un documental sobre la lucha de un pueblo contra el más poderoso grupo agroindustrial de Chile

Un documental acerca de la lucha del pueblo de Freirina contra Agrosuper, el más poderoso grupo agroindustrial en Chile. Un homenaje a todos los vecinos y vecinas que, dando muestras de una organización y arrojo ejemplares, lucharon en Mayo y Diciembre de 2012 para sacar la empresa de su territorio. Hoy existen alrededor de 10 comunidades en conflicto con la industria de producción de carne en Chile que, al igual que en Freirina, se han visto obligadas a coexistir con olores desagradables, aguas contaminadas y enfermedades. Problemáticas que se esconden tras el argumento del progreso, el crecimiento económico y la brutal tendencia de nuestra sociedad actual de producir millones de toneladas de alimento de sobra, de acuerdo a las necesidades del mercado y no de las personas.

El Supremo admite cinco recursos contra las prospecciones petrolíferas en Canarias

Eva Belmonte

Ya son al menos cinco los recursos contra nueve prospecciones petrolíferas en Canarias que ha admitido a trámite el Tribunal Supremo, los del gobierno canario, los cabildos de Lanzarote y Fuerteventura, IU y la organización ecologista WWF. Tanto las administraciones canarias como buena parte de la sociedad civil se han posicionado en contra de la autorización a Repsol para que busque petróleo en las costas cercanas a Lanzarote y Fuenteventura porque consideran que supondría un impacto mediambiental y turístico con graves consecuencias. Ahora es el Alto Tribunal quien tendrá que, una vez más, tomar una decisión sobre este asunto.

La intención de Repsol de realizar nueve prospecciones en aguas canarias viene de lejos. En 2001, el Gobierno de José María Aznar aprobó un Real Decreto en el que autorizaba el proyecto, que en 2004 fue tumbado por el Tribunal Supremo al considerar que no se habían llevado a cabo los estudios de impacto medioambiental pertinente. Con el regreso del PP al Gobierno a finales de 2011, las prospecciones volvieron a estar sobre la mesa, esta vez de la mano del ministro José Manuel Soria, que meses antes había sido apartado de la presidencia de la comunidad autónoma -pese a obtener mayor número de votos- gracias a un pacto entre Coalición Canaria y el PSOE para que Paulino Rivero (CC) continuara liderando la administración autonómica.

El 16 de marzo de 2012, el Gobierno aprobó un Real Decreto para recuperar la autorización de 2001. Rivero decidió interponer un nuevo recurso al considerar que se estaba incumpliendo la sentencia del 2004, pero el Supremo dió la razón al ejecutivo central porque los defectos de forma medioambientales habían sido subsanados. Estos nuevos recursos pretenden que el Alto Tribunal dilucide la cuestión de fondo y frene la autorización estatal.

El mismo día que el BOE recoge dos de esas admisiones a trámite hace público que el Tribunal Supremo también ha admitido un recurso de Ecologistas en Acción de Burgos contra la autorización a la empresa Trofagás para la extracción de gas no convencional mediante la técnica de la fractura hidráulica (fracking), un sistema muy criticado por los ecologistas por su alto impacto ambiental.

 

Eva Belmonte es autora de elboenuestrodecadadia.com

Fuente: http://www.lamarea.com/2013/02/09/el-supremo-admite-a-tramite-cinco-recursos-contra-las-prospecciones-petroliferas-en-canarias/

 

La ecología política: una ideología global y transformadora

Florent Marcellesi

Ante la crisis ecológica generalizada, sinónima de crisis de modelo y de civilización y que hace peligrar la supervivencia civilizada de la humanidad, la ecología política se marca como objetivo convertirse, tanto en la teoría como en la práctica, en una alternativa a la sociedad industrial, es decir, en un pensamiento crítico, global y transformador. Con la caída del muro de Berlín en 1989, quedó patente —si hacía falta después de Chernóbil y demás escándalos en el bloque soviético— la incapacidad del socialismo realmente existente de proveer democracia, justicia social y sostenibilidad ecológica. Por otro lado, las miradas se concentran en el sistema socioeconómico hegemónico actual, el liberal-productivismo, que, a pesar de su victoria geopolítica, se muestra incapaz de resolver el incremento de las destrucciones medioambientales y las desigualdades sociales. Peor aún: las políticas de corte neoliberal aplicadas a partir de principios de los años ochenta agudizan las crisis ecológicas y sociales y hacen del capitalismo verde un nuevo espejismo. Frente a los dos sistemas dominantes y antagónicos de los últimos siglos y ambos motor de la sociedad industrial, se afirma una tercera vía ecologista basada en el rechazo al productivismo fuera de la dicotomía capitalista-socialista, es decir, una nueva ideología diferenciada y no subordinada a ninguno de los dos bloques, con un objetivo claro: cambiar profundamente la sociedad hacia la justicia social y ambiental, para hoy y mañana, en el Norte y en el Sur, y de forma solidaria con el resto de seres vivos de la Tierra.

1. La ecología política como antiproductivismo

A través de sus críticas al crecimiento, al «economicismo» y a la tecnocracia, los ecologistas van poco a poco asentando las bases de su «descripción analítica de la sociedad» (Dobson, 1997: 23) e hilando su teoría política en contra de un sistema que ha adquirido su lógica propia: el productivismo. Podemos definir el productivismo como un sistema evolutivo y coherente que nace de la interpenetración de tres lógicas principales: la búsqueda prioritaria del crecimiento, la eficacia económica y la racionalidad instrumental que tienen efectos múltiples sobre las estructuras sociales y las vidas cotidianas (Degans, 1984: 17).

En este marco, la búsqueda prioritaria del crecimiento como pilar de los sistemas productivistas es una de las dianas constantes de la ecología política. Ésta se opone al postulado que convierte el crecimiento —caracterizado por un aumento del volumen de la producción y consumo en un periodo dado— en el motor del bienestar y en un objetivo intrínsicamente bueno:

“En el pasado la producción se consideró un beneficio en sí misma. Pero la producción también acarrea costes que sólo recientemente se han hecho visibles. La producción necesariamente merma nuestras reservas finitas de materias primas y energía, mientras que satura la capacidad igualmente limitada de los ecosistemas con los desperdicios que resultan de sus procesos. […] La producción presente sigue creciendo en perjuicio de la producción futura, y en perjuicio de un medio ambiente frágil y cada vez más amenazado. (Georgescu-Roegen, Boulding y Daly, en Riechmann, 1995: 11)”

 Al igual que estos autores, podemos recordar que la tozuda realidad hace «que nuestro sistema sea finito» (ibídem). Como planteaba en 1972 el primer informe del Club de Roma, nos arriesgamos a un colapso del sistema mundial debido a los «límites del crecimiento». Dicho de otra manera, el culto de la abundancia no es compatible con la finitud de la «nave Tierra». A pesar de que las corrientes ortodoxas clásicas y neoclásicas consideran el «crecimiento cero» como una herejía contra el progreso, la Tierra tiene unos límites que le impiden soportar un desarrollo económico que destruya la biodiversidad, provoque el cambio climático, agote los recursos naturales, etc., por encima del umbral crítico de regeneración y capacidad de carga del planeta.(1) Por lo tanto, el productivismo se construye como una paradoja entre un crecimiento económico infinito y un planeta finito donde los recursos y las capacidades son por definición limitados.(2) La destrucción de la Tierra y de las bases de la vida se deben entender por tanto como consecuencias de un modelo de producción que exige la sobreacumulación, la maximización de la rentabilidad a corto plazo y la utilización de una técnica que viola los equilibrios ecológicos (Gorz, 1982).

Por otro lado, la lógica de crecimiento extensiva y acumulativa está ligada a la búsqueda prioritaria de la eficiencia económica. Esta lógica busca ante todo la previsión, la mecanización, la racionalización, lo que llama a más división técnica del trabajo, más concentraciones, más jerarquía en el saber y el poder, más institucionalización de todos los aspectos de la vida. Así, si en el sistema productivista «todo se convierte en objeto de competición, de consumo, de institucionalización […], es porque reducimos los seres y las cosas a funciones asignadas, a instrumentos vinculados a un fin concreto» (Degans, 1984: 17). Sin embargo, a juicio de Iván Illich, esta búsqueda de la «racionalidad instrumental» conlleva la transformación de la herramienta en un aparato esclavizante, alienante y contraproducente: al traspasar un umbral, la herramienta pasa de ser servidor a déspota, y las grandes instituciones de nuestras sociedades industriales se convierten en el obstáculo de su propio funcionamiento. Más aún: para el teórico ecologista, la función de estas instituciones es legitimar el control de los seres humanos, su esclavización a los imperativos de la diferencia entre una masa siempre creciente de pobres y una elite cada vez más rica. Ni la enseñanza ni la medicina ni la producción industrial están dadas ya a escala de la «convivencialidad humana» (Villalba, 2007). Es lo que Jacques Ellul, precursor del antiproductivismo, ya plasmaba a través del «système technicien», es decir, la técnica convertida en sistema como especificidad dominante de nuestras sociedades y la principal clave de interpretación de la modernidad: «El ser humano que hoy se sirve de la técnica es de hecho el que la sirve» (Ellul, 1977: 360). Para Gorz, esta crítica de la técnica, fundamento de la ecología política y símbolo de la dominación de los hombres y de la naturaleza, pasa a ser «una dimensión esencial de la ética de la liberación» (2006).

Por otro lado, como lo hemos visto en el apartado anterior y a pesar de contar con fuertes mejoras tecnológicas por unidad producida, el sistema productivista provoca una presión cada vez más elevada sobre los ecosistemas al aumentar el volumen global de recursos naturales requeridos para producción y consumo. Según Latouche, es el “efecto rebote” y se puede definir de la manera siguiente: «las disminuciones del impacto y contaminación por unidad se encuentran sistemáticamente anuladas por la multiplicación del número de unidades vendidas y consumidas». (2008, p. 46). Además, el aumento general de la brecha entre personas pobres y ricas, tanto en los países enriquecidos como empobrecidos, muestra que el crecimiento económico ya no es una condición suficiente para reducir las desigualdades y reforzar la cohesión social. Al revés, las sociedades del crecimiento se ven confrontadas a un problema estructural muy profundo, que Jacskon denomina «el dilema del crecimiento» (2011). Por un lado, la carrera al crecimiento —que alimenta el consumo de masas, la destrucción de los ecosistemas, un modo de vida por encima de la capacidad de carga del Planeta, etc.— no es ecológicamente sostenible. Mientras tanto, el decrecimiento económico es inestable —por lo menos en las condiciones actuales— ya que un crecimiento no suficientemente sostenido en una economía cuyo núcleo vital es el crecimiento se llama recesión y termina creando desempleo, pobreza, desigualdad, desconfianza, deuda privada y pública, recesión. Sin embargo, esta fe en el crecimiento como equivalente al bienestar se materializa en la valorización actual de la «riqueza de la nación» a través del producto interior bruto (PIB). El PIB es una herramienta parcial que calcula ante todo el crecimiento cuantitativo de la producción sin que importen las condiciones ecológicas y sociales de dicha producción, el agotamiento de los recursos naturales, el valor del trabajo doméstico o del voluntariado y, en general, del conjunto de las demás riquezas sociales y ecológicas (Marcellesi, 2012). Desde la perspectiva del ecologismo se afirma por tanto la necesidad de una modificación de «las herramientas que los economistas empleaban para medir el éxito y el bienestar económico de una nación» (Carpintero, 1999: 158) y la imprescindible renovación teórica de los conceptos de riqueza, pobreza y valor del siglo xix.(3)

Por último, como lo resume Illich, «la organización de la economía entera hacia la consecución del mejor-estar es el mayor obstáculo al bienestar» (2006). El productivismo como sobrevalorización de la acumulación y la idea de que un aumento de los bienes materiales aumenta la felicidad representa por tanto para los ecologistas una concepción del ser humano peligrosa para su propia supervivencia. En un mundo ecologista, un subsistema no puede regular un sistema que lo engloba (véase la escuela de la bioeconomía: Georgescu-Roegen en los Estados Unidos, José Manuel Naredo y Joan Martínez Alier en España (1991) o René Passet en Francia). Dicho de otra manera, la regulación del sistema vivo no se puede realizar a partir de un nivel de organización inferior como es la economía, que actúa con sus propias finalidades. La economía es parte integrante de la sociedad, ella misma parte de la biosfera. Por lo tanto, el mercado —que no es más que una parte de la economía— no puede imponer su modo de funcionamiento al resto de los niveles. Sólo una organización controlada por finalidades globales tiene legitimidad en un sistema ecologista.

2. La ecología como búsqueda de sentido (… ¡en la próxima entrega!..)

 

Entregas anteriores:

(*) Se basa en una adaptación y actualización de la publicación Marcellesi, F. (2008): Ecología política: génesis, teoría y praxis de la ideología verde, Bilbao, Bakeaz (Cuadernos Bakeaz, 85).

(1) La capacidad de carga es el nivel de presión provocada por una especie que un medio ambiente puede soportar determinado sin sufrir un impacto negativo significativo o irreversible. Según la fórmula de Ehrlich, el impacto sobre el medio ambiente depende de tres factores principales: la población, la acumulación de riquezas y la tecnología.

(2) Incluso el Informe Brundtland sigue apostando por «una nueva era de crecimiento, un crecimiento vigoroso», y no fija ninguna prioridad entre lo económico, lo social y lo medioambiental, lo que lo ha convertido en una presa fácil para las fuerzas políticas y mercantiles dominantes (de «desarrollo sostenible» hemos pasado a un «crecimiento sostenible» y un sinfín de oxímoron).

(3) Véase por ejemplo José Manuel Naredo, Las raíces económicas del deterioro ecológico y social. Más allá de los dogmas, Madrid, Siglo XXI de España, 2007.

 

Fuente: http://florentmarcellesi.wordpress.com/2013/02/07/la-ecologia-politica-una-ideologia-global-y-transformadora/