Con la vuelta a las armas el Polisario me imagino que se han puesto muy nerviosos los analistas de los servicios de inteligencia de los países directamente vinculados al conflicto del Sahara.

 

Creo que ven como muy probable un golpe de estado, por parte de un ejército (el marroquí) nada motivado y corrompido en grado superlativo, como lo denunció el comandante marroquí Mahjoub Tobji en su libro “Les officiers de Sa Majesté. Les dérives des généraux marocains 1956-2006”.

 

Y creo que alguno o algunos de ellos, alguno de esos altos jefazos marroquíes, que hasta ahora vivían muy tranquilitos y protegidos por sus soldaditos tras los muros, mientras seguían forrándose con sus negocios de contrabando, sus trapicheos y sus corruptelas, (no precisamente para ir tirando, sino para “ganarse” una dorada jubilación, o licenciamiento de lujo)  serán los que quizás le den la patada en el culo a Mohamed VI. 

 

Por eso precisamente, porque estaban muy tranquilitos. Y ahora, desde hace cuatro días, de pronto y sorpresivamente, unos combatientes saharauis, muy cabreados y fieros, dia y noche, les caen encima a tiros y a bombazo limpio.

 

Esta hipótesis de un posible golpe de estado del ejército marroquí la supongo releyendo “Nuestro amigo el Rey” de Gilles Perrault, donde se cuentan con detalle los intentos de golpe de estado que Hassán II (padre del que hay ahora) sufrió.

 

Y me lo recuerda la muerte, mediante una de las típicas formas de ejecución indirecta de los servicios secretos, del general Ahmed DIimi, el artífice de los muros defensivos del Sáhara basados en la idea del general israelita Bar Lev.

 

El general Dlimi, de 52 años, la noche del  martes 22 de enero de 1983, viajaba en su fuertemente blindado Mercedes azul, después de haberse entrevistado con el rey Hassan II en el club de golf de Marraquech. A las tres de la tarde de ese mismo día, su rey Hassán II le había convocado a una reunión urgente. De regreso de la audiencia, recostado en el asiento trasero del mercedes, Ahmed Dlimi quizá fuese reflexionado, en lo mal que iba yendo el conflicto del Sahara en lo militar y en lo político, motivo quizás de la reunión urgente con su jefe. Dlimi quizá fuese pensando en no sabemos qué, en tanto que jefe de los ayudantes de campo del rey Hassan II, jefe del servicio de inteligencia militar, jefe del Ejército Sur (Sáhara) y “brazo derecho del rey para las buenas y para las malas”.

 

Sí, nunca sabremos en qué andaría pensando Ahmed Dlimi, cuando, de pronto, en una curva bastante cerrada, un camión de gran tonelaje y con sus faros apagados embistió de frente el aquel Mercedes azul blindado. Todos los ocupantes del Mercedes murieron aplastados. Menos el desconocido conductor del camión.

 

Hoy bastantes jefes militares marroquíes, entre los que destacaría al máximo jefe tras el rey, el general Fatalah al Uarrak, probablemente andan preocupados. Y reflexionando. Reflexionando quizás en lo mismo que iba reflexionando Ahmed Dlimi en aquel Mercedes blindado que fue su tumba.

 

Por Leonardo Urrutia Segura, Resumen Medio Oriente,