La lucha de clases y el cambio climático

 

Por J. Estrada Cruz       

 

Científicos agrupados o, a título individual, vienen contrastando y mostrándonos datos aterradores. Estos son algunos: aumento de los  gases invernadero, olas de calor en el Ártico siberiano fuera de lo normal;  Groenlandia y otros puntos del planeta helados se derriten; el deshielo global amenaza con un crecimiento de 65 cm. del mar. Estamos constatando  inmensas y destructivas inundaciones; incendios asoladores de extensas zonas del planeta; se contamina la atmósfera, los ríos y los mares; desaparición constante de flora y fauna, y por consiguiente aparecen nuevas enfermedades contagiosas en distintos puntos de la tierra. Actualmente estamos sumidos en un ejemplo como es la pandemia del Covd-19 que, por demás, tiene bastantes coincidencias con un virus de laboratorio que ha podido ser  soltado y expandido, para desviar la atención de un mayor golpe, de desprestigio al absurdo y criminal funcionamiento capitalista, que el que tuvo en el 2008. El Covid-19 le está siendo efectivo para salir de su atolladero, y a más, con mayor acumulación y concentración de capital.

 

Sin embargo, sus contradicciones cada vez mayores, son más difíciles de dejarlas caer  sobre el conjunto de la humanidad. De modo que, sin otras salidas, el capitalismo seguirá explotando  la naturaleza y a sus congéneres humanos, por lo que es vital elevar la conciencia social sobre esta realidad. Esta labor la hemos de hacer con nuestros propios medios.

 

Comprobamos, una vez más, cómo funcionan los medios burgueses: Greta Thumberg, la niña que tanta “gracia” hizo en su día con su protesta contra el cambio climático, ya ha desaparecido de las televisiones, “ya no es noticia”. Y es que la “niña  les ha salido por la culata”. Es decir, les ha dejado muy claro que ella no protestó en su día y lo sigue haciendo ahora, para deslumbrarse con los flas de las cámaras fotográficas, en los platós televisivos y con las portadas de los diarios burgueses, sino por conciencia. Y es que, Greta Thumber, además de ser consecuente, ya ha visto quien son los culpables. Por eso ésta “niña” a la que no han podido comprar y manipular, es un peligro para los intereses del sistema capitalista. Greta, junto a otros muchos ecologistas, ya mueve a millones de personas y, la mafia capitalista sabe que, entre estas,  pueden encontrarse muchxs revolucionarixs con la claridad y el persistente propósito de profundizar en la conciencia de toda esa masa humana, para que comprenda y  le dé jaque mate.

 

En noviembre del año pasado (según fuentes que resiguieron las movilizaciones) más de seis millones de personas, mayormente jóvenes, hicieron una demostración de movilización contra el cambio climático, participando en magnas manifestaciones a nivel internacional. Y de nuevo, este mes pasado de septiembre, por los mismos motivos, miles de manifestantes han vuelto a salir a las calles y plazas en muchas ciudades del mundo. Los medios apenas informaron.

 

Hoy mucha de esta juventud ya es consciente de que el culpable de toda esta ruina medioambiental es el capitalismo. Ya sabe que su comportamiento egoísta e irracional sólo tiene en cuenta la obtención de beneficios particulares, sin que en su mente exista ninguna otra preocupación que sea mayor y, de ningún modo el bienestar del conjunto de las personas.

 

En estos momentos podríamos asegurar que los problemas medioambientales preocupan a más de 80%  de la humanidad. En esta gran masa, preocupada y pendiente de propuestas concretas  que den solución al grave problema, se encuentra mayoritariamente la juventud. Hay personas ya en edades infantiles, adolescente de manera masiva y juventud adulta en edades que van desde los 18 hasta los treinta y tantos años. Todo un tesoro de millones de jóvenes envueltos en un ambiente de inquietud, esperando alternativas para organizarse, creciendo en conciencia día a día, a pesar de los potentes medios de manipulación y de los marrulleros estudios negacionistas que elaboran los Think Tanks.

 

Cada día que pasa, más jóvenes comprenden mejor (respecto a los países más pobres) que el expolio y la explotación  de los recursos naturales, está estrechamente vinculado con las agresiones que sufren las personas. Saben que las grandes empresas, en multitud de países, corrompen gobiernos, provocan guerras, les engañan o les someten por la fuerza, les usurpan las tierras y sus materias  primas, explotan a sus gentes o las asesinan si se resisten, les crean problemas de subsistencia y son acosadas para que abandonen sus pueblos y sus países infligiéndoles en su huida más sufrimiento y muerte.

 

En los países más avanzados, en los que hemos tenido la suerte de nacer otros seres humanos y desarrollar una conciencia social, estamos viviendo con horror  no sólo el sufrimiento y asesinato de la gente de  esos pueblos, sino que también, aquí, nos sentimos víctimas sometidas a trabajar en jornadas y condiciones laborales de tiempos ancestrales; multitud de personas y familias se ven  sufriendo en encrucijadas de subsistencia con ayudas permanentes; cientos de miles de personas viven angustiadas,  esperando que se les ofrezca trabajo aunque sea en las peores condiciones contractuales y sabiendo que  pueden ser despedidas (cuando les convenga a los empresarios) y arrojadas de nuevo al “paredón” de las familias que esperan ser desahuciadas.

 

Es una situación de extrema pobreza planetaria, que afecta a muchos millones de seres humanos y que crece exponencialmente adosada al cambio climático.  Es una realidad inaceptable, desde cualquier punto de vista que se mire, pero sobre todo, porque sucede en un mundo de superabundancia y capacidades infinitas donde se podría lograr lo que se quisiera. Y es que, los avances logrados deberían servir para que la humanidad nadase en bienestar y disfrutando de una naturaleza saludable.

 

El sistema capitalista es el mal de todos los males y, esta verdad, ha de calar en la conciencia de la inmensa mayoría de la humanidad. El capitalismo es el virus maligno, por excelencia, que se transforma, que hace estragos constantemente y que impide que alguien pueda poner remedio.

 

Sirva como ejemplo los problemas sanitarios que tenemos (desde mucho antes del coronavirus) que han sido generados por el afán privatizador para convertir los problemas de salud de las personas en beneficios. A las  multinacionales farmacéuticas les conviene que haya enfermedades y fabricar productos paliativos o que no curen del todo. Y a los hospitales privados, que haya enfermos con los que ganar dinero.

 

Fusionar los problemas medioambientales con los sociales y viceversa. Esta es la cuestión.

 

Pero, frente al cambio climático nos encontramos con diversos escollos que nos dificulta a la hora de poder aclararnos en la lucha contra el capitalismo: por una parte están implicados científicos y movimientos ecologistas y, por otra, se encuentran las organizaciones políticas y sindicales reformistas y, las organizaciones políticas y sindicales de la izquierda radical. En los dos primeros se expresa una gran preocupación: proponen medidas de servicio y productivas limpias alternativas a las actuales y, orientan a la toma de conciencia de las personas y a su participación en las protestas con el fin de obligar a los gobiernos a tomar medidas “eficaces” que frenen el cambio climático. En los segundos se muestran dos enfoques diferentes: por un lado los partidos reformistas que teóricamente asumen las reivindicaciones de los primeros, sin más esfuerzo que el del compromiso de establecer leyes parlamentarias o, medidas desde los ayuntamientos, que después no cumplen. Y por otro, las organizaciones de la izquierda radical, que igualmente asumen y teorizan muchos de los planteamientos científicos y ecologistas, pero sin que aparezca en sus tesis la problemática medioambiental como la parte estratégica más importante, en estos momentos, en la lucha de clases.

 

En esta contienda, los científicos y los ecologistas activistas en general, todo y que, como ya hemos explicado, son conscientes de que las grandes empresas contaminadoras no van a dejar de contaminar para perder dinero, aún  no se atreven a declarar la “guerra” al sistema capitalista, dejando claro que la única solución a los problemas climáticos es acabar con él.

 

Y nunca falta la rémora de las organizaciones políticas reformistas y oportunistas, (sindicatos mayoritarios y partidos políticos institucionales), pues poseen el “monopolio” de la mediación y la negociación, procurando estar en todos los movimientos, porque así se lo exige su asignado guion de aparente oponente al capitalismo. Un papel con el que enmarañan y obstruyen la lucha de clases.

 

Por último, hemos de dilucidar en base a las organizaciones revolucionarias marxistas y a las anarquistas. Ya he dicho, que en estas fuerzas organizadas no existe claridad suficiente para tener la convicción de que la lucha contra el cambio climático, no sólo es urgente por su gravedad, sino también, porque aúna toda la demás problemática que somete a la inmensa mayoría de la humanidad a vivir en pésimas condiciones. Por tanto, en Europa, todos los frentes sociales y políticos de lucha contra las agresiones capitalistas (empleo, vivienda, sanidad, educación, jubilación, etc.) deben entenderse como importantes y vitales anejos que van prendidos al problema más preocupante y aglutinador. Este es el deterioro medioambiental, es el cambio climático.

 

Como siempre y cada vez con más razón y urgencia; acabar con el capitalismo precisa de una unidad de acción internacional. La agresión capitalista al ecosistema; el cambio climático, es la base principal para esta unidad.