Como Zapatero y Rajoy, el gobierno Sánchez-Iglesias apunta a las nóminas de las y los funcionarios

 

El gobierno “progresista” sigue tirando de las recetas neoliberales de siempre. Si este miércoles se conocían los planes del ministro Escrivá para alargar la edad de jubilación real, el jueves se lanzaba un globo sonda desde Moncloa sobre la posibilidad de congelar los sueldos a los trabajadores públicos en 2021.

 

El tijeretazo a las nóminas afectaría, entre otros, a muchos de los trabajadores y trabajadoras de primera línea que se han dejado la piel, y siguen haciéndolo, en la lucha contra la pandemia. Las y los sanitarios, o el personal docente y no docente que está tratando de garantizar una vuelta al cole segura a pesar de la negativa de ministerios y consejerías del ramo a dotar del personal, los espacios y los medios necesarios.

 

No es nuevo esto de ajustar por las nóminas de los funcionarios. Fue una de las primeras medidas del ajuste de Zapatero en 2010, con una rebaja de entre el 5 y el 7% de las retribuciones para seguir pagando los intereses de la deuda generada en el rescate de los capitalistas de 2008 en adelante. Rajoy ahondó en esta dirección quitándoles directamente una de las pagas extras de 2012.

 

Que el PSOE apueste por esta vía no es nada nuevo. Más vueltas discursivas tendrán que dar los ministros y ministras de Unidas Podemos para explicar su apoyo a este ajuste salarial, así como a otras medidas en cocina como el ya mencionado “pensionazo” de Escrivá.

 

El posible congelamiento estaría incluido en los nuevos Presupuestos Generales del Estado. Unas cuentas que se están ya negociando con la derecha cool de Ciudadanos y que tienen que ser del agrado también de la UE para que facilite el acceso del Estado español al fondo de rescate europeo.

 

El coste de mantener la subida prevista en los sueldos de los funcionarios – un miserable 2%- sería de en torno a los 3 mil millones de euros. Menos que lo entregado a la industria del automóvil en los últimos meses, que asciende a los 3.750 millones. El gobierno “más progresista de la historia” tiene claras sus preferencias.

 

Mientras tanto las direcciones sindicales de CCOO y UGT “ni están, ni se les espera”. Enfrascadas en mesas de diálogo y negociación, siguen dejando pasar la catarata de cierres y despidos que empieza a profundizarse, y sobre todo, sin mover un dedo para ponerle freno al curso cada vez más neoliberal de “su” gobierno.

 

Pelear, exigirles e imponerles el abandono de esta política criminal, a la vez que se prepara una respuesta desde los centros de trabajo a la agenda de ajuste que se está preparando, es una tarea clave de los sectores combativos de los grandes sindicatos, junto a la izquierda sindical, movimientos como las mareas de pensionistas y la izquierda anticapitalista.

 

 Por Izquierda Diario