Disipado el espanto que se suscitó al principio de la pandemia, no porque los horrores hayan desaparecido, ni mucho menos, sino porque se disimulan y porque a todo se acostumbra el alma humana, los poderes económicos han abandonado las  buenas voluntades que entonces manifestaron.

 

Igual que ocurrió cuando la anterior crisis, en 2008, ahora, en marzo de este 2020, aparecieron las declaraciones altruístas. La gente millonaria, la banca, la eurotecnocracia, salieron en tromba a decir, gasten lo que haga falta, y a prometer diluvios de dinero a fondo perdido, o con deuda mutualizada, que comprometería a la Unión Europea en su conjunto... se llegó incluso a hablar de la deuda perpetua o de subvenciones sin compromisos posteriores.  El terror obra milagros, pero no son duraderos

 

Cuando la gente rica y la gente que les sirve se tranquilizaron, cuando se habituaron al espectáculo de las tongas de ataudes y, sobre todo, cuando comprobaron que curarse de la covid-19, incluso de sufrirla con relativa comodidad, era una cuestión de dinero, que si tienes dinero no te va a faltar ni hueco en una moderna UCI ni un respirador de último modelo. Entonces echaron cuentas y vieron que quien se muere o sufre secuelas perdurables por culpa de la covid-19 son las gentes pobres, esas personas desagradables, que solamente le sirven a las clases afortunadas como fuerza de trabajo o para la diversión o el placer; y que son grupos tan numerosos que siempre los hay de sobra, que no importa que se mueran o se enfermen, porque hay inagotables reservas disponibles… entonces, las ricas y los ricos y sus esbirros constataron, no solamente que sus declaraciones del principio no se justificaban, sino que la pandemia les ofrecía una nueva oportunidad de negocio y de afianzar más, si cabe, su poder.

 

Es la misma historia. Yo decía yo, desde 2008, que aquella trompeteada crisis, no era más que una depresión inducida, que se convertía en un arma de la ofensiva neoliberal de dominación. Ahora, en 2020, no diré que la pandemia ha sido inducida, provocada, no porque me extrañara lo más mínimo, sino porque carezco de pruebas para afirmarlo. Pero sí sostengo  que, otra vez, la desgracia de la gente la aprovechan las oligarquías para su beneficio y para fortalecer sus estrategias de opresión

 

Escucho a ese paradigma del cinismo en política, Josep Borrell, ahora vicepresidente de la Comisión Europea, con su taimada sonrisa, diciendo que “no habrá cheques en blanco” en las ayudas para la Reconstrucción. Que "las inyecciones financieras de Bruselas no saldrán gratis".

 

Fuerte oráculo, el tal Borrell. Como si no lo supiéramos. Como si ignoráramos que la eurotecnocracia se las gasta así. Igual que sabemos que esos fondos, que la Unión Europea de los mercaderes no tiene más remedio que soltar con profusión, porque de otra manera la propia unión desaparecería, llegarán repitiendo el procedimiento ya conocido. A saber:

 

Los estados miembros damnificados recibirán, sí, el dinero que haga falta. Pero contrayendo Deuda y asumiendo los compromisos correspondientes. Por cierto, un inciso: lo que hagan los respectivos gobiernos con ese dinero vía corrupción, no le preocupará a la Comisión Europea, como ya se ha visto en otras ocasiones. Lo único que le interesa es que la Deuda, no que se devuelva, que eso no hay manera de devolverlo, sino que se sirva, es decir que se paguen los intereses. Y que se cumplan los compromisos.

 

Deuda y compromisos. Esas son las cuestiones.

 

Deuda, que el Banco Central Europeo, títere manejado por la Comisión Europea, instrumento de la oligarquía neoliberal, concederá con dinero creado de la nada y que le hará llegar a coste cero o simbólico a la Banca Privada. Esta banca se lo prestará a su vez a los gobiernos, con los intereses que considere conveniente, que para eso mercados financieros y banca privada son la misma cosa, y cargando la prima de riesgo oportunamente fijada. Negocio mastodóntico de la oligarquía neoliberal, que recibirá enormes sumas de dinero por el servicio de una Deuda que ha otorgado sin que no le haya costado ni esfuerzo ni un céntimo. Por eso la deuda crece y crece, porque a la Banca le importa un pito que no se lo devuelvan, cuando necesita más recursos para seguir prestando, el BCE proveerá. Que la doble partida de Luca Pacioli son antiguallas del renacimiento. Ahora, el dinero sale de la nada.

 

Y compromisos, decía. Con esa engañifa de la Deuda, única fuente de recursos con que los gobiernos damnificados pueden subsistir, la oligarquía neoliberal tiene agarrados por el pescuezo a los países y a los pueblos. Ahora basta con una llamada de teléfono para que los machangos de turno dancen al son que les ordenen.

 

Un día es reformar la Constitución, para que la conveniencia de las fortunas pase por delante de los derechos de la gente; otro, tumbar la legislación laboral, para que las trabajadoras y los trabajadores carezcan de todo derecho o de arma para defenderse, despojando a sus sindicatos de toda capacidad de maniobra: otro, quitar de toda cabeza la idea de modificar esa legislación laboral; por si fuera poco, mantener rejas, muros, cuchillas y toda suerte de presiones sobre la migración, no para impedirla, porque es sabido que eso es imposible, sino todo lo contrario, para que las y los migrantes que siempre llegarán, trabajen con el miedo metido en el cuerpo. De esta manera, tirarán hacia abajo de los salarios y forzarán aún más al silencio y al servilismo de las clases trabajadoras. Todo esto se adoba engrasando a los medios de comunicación mercenarios, a las y los profesionales universitarios venales y también invitando de vez en cuando a la mesa del patrón a las desaprensivas cúpulas sindicales que obtienen su hegemonía con el apoyo de las propias patronales, a espaldas de sus confiadas bases. Y, como toque final, se espolvorea toda esta indigesta torta, con sustancias adormideras a los gobiernos, estatales o territoriales, que harán el juego.¡, con cara de "yo no fui".

 

Deuda y sumisión. Negocio redondo. Y quien no quiera, a la calle. Ya le daremos una limosnita vital, por amor de la CEOE, para que no se les ocurra atracar un banco o, peor aún, asaltar un supermercado de Roig.

 

Borrell advierte: la inyección económica de Bruselas no saldrá gratis

 

* Lo escribe y lo sostiene, con tristeza y cólera, Chema Tante

Fuente: La casa de mi tía