El barón Munchausen y el turismo canario. Alucinaciones sobre pasaportes sanitarios y aplicaciones informáticas

 

Seguro que la cultura literaria de Yaiza Castilla, Consejera de Turismo del Gobierno de Canarias, la hará conocedora de la figura del barón Munchausen, creado por  Rudolf Erich Raspe. Como el divertido barón se creía con sinceridad sus propias fantásticas invenciones, no se le puede acusar de mentiroso. Y eso mismo ocurre con Yaiza Castillo. Hay que entender que la desesperación de la consejera por ver que el turismo de masas se liquidó para Canarias, la lleva a creerse sus alucinaciones Por eso, Yaiza Castillo  se agarra a cualquier cosa. Aunque esas cosas no tengan la menor relación con la realidad.

 

Ahora, arropada por la Organización Mundial del Turismo, OMT y unas empresas de informática, Air Institute y Tourism Data Driven Solutions (TDDS)., que han desarrollado una aplicación llamada Hi+Card, Yaiza Castilla se ha atrevido a encender sin base real alguna las esperanzas de la gente en Canarias, con una historia digna de Munchausen, aunque, a diferencia del alemán, el relato es de anticipación. De manera muy adecuada a estos tiempos dignos del más imaginativo esfuerzo de ciencia ficción. Yaiza Castilla se ha congratulado por la noticia, aparecida en varios medios. "La OMT ha autorizado un vuelo pionero a Canarias, que monitorizará la salud de sus pasajeros con una aplicación móvil" Como si la OMT tuviera competencia alguna para autorizar vuelos.

 

La fábula adelanta que los vuelos turísticos a Canarias, podrían realizarse,  a plena capacidad, dotando al pasaje de "esta aplicación que se configura como un pasaporte sanitario digital, cubriendo una necesidad esperada por parte del destino Canarias, los viajeros y las compañías aéreas, como es el contar con la tranquilidad de llevar de forma segura sus datos médicos que les certifican como libres de COVID-19". Dice Yaiza Castilla que se lo ha informado el director general de la Organización Mundial de Turismo, Zurab Pololikashvili que, parece creer la consejera, es la máxima autoridad mundial en materia sanitaria y de quien depende la autorización de movilizaciones y apertura de fronteras, en plena pandemia coronavírica.

 

Yo siento mucho apagar las fantasmagorías de Castilla y de Pololikashvili. El pasaporte sanitario, sea digital, en pulserita, en papel, o impreso a fuego en la frente de las personas, no es aplicable, de momento, para garantizar la seguridad de no contagio del Covid-19, por la sencilla razón de que quien no haya sufrido y superado la infección, está en peligro constante de ser contagiado y de transmitir el maldito virus. No hay pasaporte sanitario, de ningún formato, que pueda conjurar el peligro. Los únicos test que garantizan que una persona no está infectada, los PCR, tardan una media de 36 horas en dar los resultados, y más, si se saturan los dispositivos de análisis, de manera que, entre el momento en que se le hizo la prueba a la persona y el momento en que podría embarcar en un avión, esa persona puede haberse contagiado. Supongo, aunque sea mucho suponer, que Castilla y Pololikashvili no pretenderán meter al pasaje en una pecera esterila los dos días o más.

 

Es que  ni siquiera está completamente demostrado que quien haya sufrido la enfermedad tenga absoluta inmunidad. Es decir, que permitir la llegada  a Canarias de esa categoría de personas, sería una irresponsable temeridad. Basta con una , solamente una persona que pueda contagiar, para armar de nuevo la tragedia.

 

Sin embargo, como creo que las autoridades canarias, en su desesperación por ver que no son capaces de imaginar otras salidas económicas para las islas, son perfectamente capaces de arrostrar semejante osadía, voy  a lanzarles otro barreño de agua fría, para extinguir sus ardores: La masa de personas que podrían supuestamente ser inmunes, es mínima y no podría  sostener la industria turística canaria.

 

En este momento, 9 de mayo, hay alrededor son un millón trescientos mil las personas que han recibido el alta del Covid-19. Supongamos, generosamente, que en el medio plazo, se dobla esa cantidad. Menos de tres millones de personas. En el supuesto no demostrado de que esas personas gocen de inmunidad ante el coronavirus ¿cuántas, en todo el mundo, tendrán ganas de venir a Canarias y podrán pagarse el viaje? ¿Un diez por ciento? Pues con trescientas mil personas no hay turismo masivo que se pueda sostener en Canarias. Abandonen toda esperanza. Ni para julio ni para mucho más tarde.

 

Porque parece que han marcado julio como fecha para esa invención del vuelo "pionero". Incluso hay quién lo ha anunciado para este mismo sábado, aunque yo quería creer que esta imagen que ha corrido por Twitter era una falsificación, por  la confianza que tengo en la profesionalidad de Juan Carlos Mateu, para considerarle incapaz de esta patraña. Pero he confirmado que la publicación es auténtica. Mateu  debería reflexionar seriamente. Es que basta con considerar que los hoteles están cerrados, hasta el lunes, por lo menos ¿dónde pensaban meter a ese pasaje? La locura desatada.

 

 

 

En todo caso, volviendo a las ensoñaciones de Yaiza Castilla, se lo volveré a decir: La capacidad de infección del Covid-19 es espantosamente grande. Todo indica que sufriremos nuevos rebrotes de la pandemia. La principal salvaguarda de Canarias es su aislamiento. Hasta que se descubra y se aplique planetariamente la vacuna, cosa de dos o tres años, solamente podrían venir a Canarias personas en vuelos sumamente restringidos, en cuanto a su capacidad y a los controles. Los hoteles no podrían ofrecer más que un tercio de sus habitaciones. Y el sistema canario de salud no garantiza la atención a una ola repentina de infecciones. Es decir, que el turismo masivo, nunca se repetirá bastante, ha muerto, felizmente, para Canarias.

 

Felizmente, porque el turismo masivo, quiérase  o no, ha sido una ruina social y ecológica para el archipiélago.

 

Es la hora, no de invenciones quiméricas, no de agarrarse a la ciencia ficción para creerse lo imposible. Es la hora de preparar a Canarias para el turismo selectivo y, sobre todo, para desarrollar otras actividades productivas.

 

Lo escribe y lo sostiene Chema Tante

Fuente: la casa de mi tía